Detrás de la máscara: la ciudad según Cristóbal Sepúlveda Serani

Por John González


En la vida hay que saber observar, explorar y descubrir. Así llegamos al conocimiento tácito de todo aquello que resulte necesario para poder decir que hemos vivido plenamente. En el arte, la dinámica es la misma, con la diferencia de que el artista sabe vivir diferentes realidades, al menos desde la perceptibilidad que el mundo permite ver. La calle es así: un inagotable lienzo de posibilidades. Cada uno de sus habitantes tiene la tarea de definir qué papel jugará en la creación de la gran obra. 


Por una parte, está el rol del artista, aquel que sabe que tiene que decir algo, aunque no sepa concretamente cómo hacerlo. Del otro lado, encontramos el instrumento convertido en catarsis para la creación. Nos toca decidir qué queremos ser. En este sentido, Cristóbal Sepúlveda Serani (@criss.foto) ya decidió hace mucho tiempo cuál era su función sobre este gran lienzo llamado urbe que transita por todos los estados de la consciencia humana: nos deleita, nos asusta, nos inspira, nos define, nos retrata, nos reta a ser libres en ella o esclavos de ella… Cristóbal lo sabe desde hace varios años atrás cuando, con su cámara, fue capaz de mostrarnos las diferentes máscaras que la calle utiliza en el día a día con el fin de sorprendernos.


John González: La calle es un animal que ruge día tras día. En ese rugir, nos encontramos nosotros, haciendo vida en ella. Aún nos cuesta distinguir si somos los domadores de esa gran bestia o una presa más. Al ver tus fotografías, puedo experimentar ese ritmo frenético de la urbe, pero al mismo tiempo un aire de placidez y calma en el rostro de sus habitantes. Mi pregunta es, ¿Cómo vives estas sensaciones de desenfreno que la misma ciudad nos regala día a día, y lo equilibra con la calma y el pulso que un buen fotógrafo debe tener para encontrar la toma perfecta de la paz dentro del caos?


Cristóbal Sepúlveda Serani: Si la calle es un animal, la ciudad, el pueblo, nuestro entorno es una selva. Creo que quienes habitamos estos espacios somos seres susceptibles de convertirnos en presas o depredadores… pero también podemos elegir vivirnos esta relación en búsqueda de equilibrio, como oportunidad de descubrir nuestras necesidades y aportes. Cuando camino por distintos lugares, observo muchas apariencias: hostiles, amables, tímidas, inseguras, fuertes, etc. Pero si buscamos atrás de las máscaras, podemos encontrar sentimientos y emociones totalmente diferentes. Creo que eso es lo que me interesa descubrir al momento de capturar una imagen. La emoción que subyace al actuar. El pensamiento -un poco inconsciente- detrás de la actitud visible. Supongo que esto hace parte de mi propio proceso de auto-conocimiento y del conocimiento de mi entorno. Reconocerme como presa o depredador; como elemento natural del paisaje que aporta al equilibrio del sistema; o como un simple observador. Esta calma que tu comentas, es el suspiro dentro del desenfreno, el contener la respiración, mirar por el objetivo y repensar lo que sucede. Encontrarse con el sujeto, con el momento, y simplemente capturar. Luego al revelar todo se reconstruye y podemos volver a mirar. 


J. G: Para vivir el arte se debe tener presente una cosa: la inspiración. ¿Cómo encuentras esa inspiración? ¿O acaso es ella la que te encuentra a ti?


C. S. S: Para mí la inspiración es un fenómeno que tiene algo de salvaje, de visceral. Diría que la inspiración es una necesidad que traspasa lo racional. Tomar fotografías responde a la necesidad de encontrarme a mí mismo y al arte propio,entendido como genuina expresión creativa. En este caso, utilizando el mundo exterior como reflejo de lo interno. Por lo tanto, la inspiración nace como una necesidad de sentirme vivo y conectado conmigo mismo y lo que me rodea. Y tal como otras necesidades o pulsiones, éstas a veces son razonables, pero otras simplemente son como el hambre o el amor. Hay que buscar que sean satisfechas… y en esa búsqueda de inspiración se atochan y arrebatan las emociones. Se torna a veces en búsqueda frenética. Pero, otras veces, dicha inspiración surge desde mi calma. Casi siempre proveniente de un momento, una escena, un presente arrobador. Es en ese caso donde no queda más que entregarse a ella y complacerse.La inspiración por vivir, amar y realizar, es parte del proceso de búsqueda del sentido que cada cual da a su vida. Es la misma fuerza que nos permite avanzar hacia lo deseado. Y en el caso de mis fotos, la pura proyección de esta búsqueda es lo que se convierte en motor para seguir fotografiando.


J. G: Muchas de tus fotografías transmiten calma, aún cuando el escenario no lo parezca así. ¿Sientes que es necesario ese dinamismo entre movimiento – pausa para lograr una foto perfecta o, en todo caso, acercarse lo más posible a esa perfección que busca quién está detrás de la cámara?


C. S. S: Más que necesario, diría que es el dinamismo natural de nuestro tipo de vida. ¡Y la cámara es un objeto magnífico para capturar esa relación! Cuando recaemos en los detalles de la escena cotidiana, y tenemos la oportunidad de congelar un momento, somos capaces de detectar cada pequeña emoción, cada pequeño gesto. Y ahí a veces reflejamos lo que somos. Toda foto es interpretable desde la identidad de cada cual, desde su experiencia. La calma, en parte surge del ojo del fotógrafo, otra porción es propia del sujeto fotografiado, y la otra parte es la de aquel que observa la fotografía. Pero mi pretensión, aunque parezca paradójico, es alejarme de la perfección en mis fotos y acercarme cada vez más al valor de las cosas tal cual son. Pero en eso estoy recién comenzando… La foto es una sombra más dentro de la caverna, y aquí afuera estamos nosotros tratando de comprender el mundo a partir de claros y oscuros. Para mí es suficientemente perfecto establecer un vínculo, crear un puente entre lo interno y lo externo que refleje lo verdadero. Y si en ese ejercicio surge la calma… ¡magnífico! 


J. G: Y hablando de quién está detrás de la cámara, ¿Es el mismo Cristóbal el que toma las fotos y el que posa en ellas? Es decir, ¿Hay diferencia entre ambos personajes?


C. S. S: No lo sé realmente. Supongo que depende del momento. Hasta ahora, las pocas fotos de autoretrato no han sido premeditadas. Y de hecho me busco más en un espejo que directamente. Lo que puede significar que me observo como un otro. Diciendo esto creo que prima el fotógrafo. Que sí hay diferencia entre los dos personajes; que, mirando a través del lente, el fotógrafo busca descifrar ¿qué estará pensando ese sujeto en el espejo; qué estará sintiendo realmente? Más que una fotografía parece una radiografía. Pero todo esto se da en un nivel muy sutil. Casi como una conversación con uno mismo, de la que nadie nunca se enterará. La mirada en el espejo es siempre una zambullida al inconsciente y siempre podemos encontrar algo más. El solo hecho de plantear autoretratarse es en sí mismo una señal. Aunque sea espontáneo. Implica curiosear, demostrar, encontrarse. El real valor del autoretrato para mí está en usarlo como una herramienta para decodificar, para captar algo que solo visto desde fuera puede revelarse. Que de otra forma es invisible para mí. Esta suerte de desdoblamiento es una gran oportunidad.


J. G: Desde mi punto de vista, la ciudad y sus habitantes son los protagonistas de tus fotografías. Puedo ver en ellas un gran número de historias que han podido ser captados desde tu lente. En otras palabras, tus fotografías son narraciones infinitas de historias que jamás tendrán un final para el espectador que disfrute de tu obra. Mi pregunta para cerrar es la siguiente: ¿Siente Cristóbal que ha logrado en su carrera fotográfica capturar la historia perfecta? De ser así, nos gustaría saber sobre ella, si es posible. Y de no ser así, ¿Cuál sería esa historia perfecta que tu lente espera pacientemente por captar?


C. S. S: Tu punto de vista es valioso, ya que refleja la realidad y también expresa algo interno. La ciudad, el campo, el paisaje, en realidad lo que nos rodea y cómo nos relacionamos con ello es el espacio de observación al que me aplico. Habitamos múltiples capas de la realidad. La ciudad está llena de riqueza relacional. Está llena de oportunidades de autoconocimiento. Todos sus habitantes salen a vivir y convivir, y en ese tránsito, despliegan sus deseos, necesidades, frustraciones y alegrías… ¡y tanto más! Yo convivo con todos ellos, soy uno más que tantea hasta encontrar una historia en qué participar. Mi narración busca ser conceptual, es sensorial, es también literal. Por supuesto es solo una más. En ese sentido me considero un participante más de la historia, en el rol de observador, de usurpador de realidades, y finalmente de contador de historias. La Historia es un gran continuo, una secuencia de eventos y momentos individuales y colectivos. Así, esta historia no tiene fin. Y respecto a la historia perfecta… espero no encontrarla aún, ya que la perfección implica también un poco un final. Un término de la búsqueda. Pero si tuviera que plantearme mi historia perfecta, sería aquella que logre enlazarse con el significado profundo de estar presente de instante en instante. De observarnos los unos a los otros, y cada cual, a uno mismo, descubrir aquello que realmente somos y encontrar nuestro lugar en esta historia.


Es hora de volver a una de las tantas realidades que debemos vivir, a una de las tantas máscaras que debemos usar para regresar a la clandestinidad de la urbe, aunque esto no tenga ningún sentido: ella sabe que estamos allí, sabe qué pasos damos en nuestro camino hacia nuestra propia finitud de eventos cotidianos. También sabe que encontraremos en ella el sentido de ese algo invisible que deseamos alcanzar. Ya es de noche. La ciudad duerme a su manera, así como los protagonistas de la obra que está por formarse. Mañana será oro día para enterarnos si la pieza está terminada o no. Tú, lector, no lo olvides la máscara en casa. No quieras que la selva de cemento te encuentre y te haga parte de ella, una vez más.


Galería Fotográfica:



La delicadeza



Encuentro



Un buscador en el desierto



Diálogo



Personalidad múltiple


Rabia contra la máquina



Despertar social 2019


Despertar social 2019 II



Capoeira callejera



Cristóbal Sepúlveda Serani



Nace en 1972 en Santiago de Chile, y pasa su niñez en San José de Costa Rica hasta 1986. Retorna a Chile y hace sus estudios en Diseño y Comunicación Visual en la Universidad Tecnológica Metropolitana, acercándose a la fotografía antes de sus 18 años con su ZENIT 11. Implementa en los años `90 -mientras era estudiante- el taller Miraflores de fotografía y revelado Blanco y Negro, realizando exploraciones conceptuales y de técnica. Actualmente dirige un estudio de diseño y desarrolla su pasión por la fotografía de modo particular, preparando exposiciones de su material para difundir y compartir su obra.