Devenir: en, Un (a)… Animal Solar

*Animal Solar

Aquarela Padilla

LP5 Editora.

Fox Island, WA, USA.

63 páginas

 por Norys Saavedra Sánchez

  

Animal Solar es el más reciente libro de la poeta venezolana Aquarela del Sol Padilla (Caracas, 1998).

Fue Octavio Paz en su libro El Arco y la Lira (2015) quien dijo «La Poesía revela...» (p.3). Revela el mundo para crear otro. En Animal Solar asistimos al develar de la poesía en unos textos que van tomando vida para darnos indicio, de un mundo, donde se configura una particular expresividad y composición, que nos da cuenta, de la autenticidad y compromiso de la autora, con la razón de ser de su escritura. Nos deslumbra desde la portada, que ya de por sí es un Poema visual, una estampa de rostro de la poeta, un poema poderoso de múltiples metáforas. Acá me detendría en la imagen (dos pájaros que intentan alimentarse de los ojos de la Mujer), como queriendo tomar de lo que está inscrito en ellos o en su particular mirada: ¿podrían estar naciendo los pájaros de los ojos de la autora? Más allá de los significados, de entrada, tenemos un plato fuerte, que bien es la hoja de ruta de la obra.

Este libro de poemas de Aquarela del Sol Padilla tiene el sentido de la dualidad, propia de una criatura humana y animal, que habita sus regiones, según un tipo de ciclo, un espacio-tiempo de algo que fue, o sigue estando. Un vacío y un desasosiego de los días, y cosas que gritan en el amor y desamor, cierto balance de ganancias y pérdidas. La Poesía de Aquarela está llena de giros y riesgos donde lo cotidiano se hace poema y lo terrible también. Pues en cada poema, hay una indagación, una rúbrica de los amores, las rabias, las causas, y lo que representa ser mujer en un mundo dominado por varones.  Ese animal va hurgando la cicatriz, una llaga y se lame para curarse. Pero esta voz también es un yo que se torna en nosotras. Las mujeres en tránsito que se buscan y encuentran.

Llegamos a leer una poesía profunda, autentica, propia de los seres que han enfrentado batallas, duelos, esplendor, caída, rebeldía. Los ritmos que acontecen a medida que comienza el libro surgen como especie de latidos, lentos, más rápidos, el grito, la calma; ofreciendo una unidad de registro: la voz de un animal que alguna vez se vio atrapado, pero terminó reafirmando su condición de ser libre. La poeta viene de fiebres y se palpa, se ve, se toca, se transforma.

El libro está estructurado en tres secciones: «Tiranía de los Insectos», «Poemas recuperados» y «Otras palabras». Cada sección reúne poemas que responden a una etapa y que confluyen en un punto de llegada. Hay una estructura que da sentido armónico al cuerpo del libro.

En la primera sección «Tiranía de los Insectos», notamos el matiz narrativo de ciertos poemas, con el sentido de la secuencia de un diario, un íntimo desenfado, el día a día con sus huellas marcadas. Pero el hecho cotidiano no denota monotonía en el lenguaje, por el contrario, los textos se van tornando arriesgados, profundos, lo que podría ser algo simple se va desplegando en fogonazos; la poeta dice:

«Me he lavado el cuerpo he rasgado la piel contra la piedra. En un ojo miré el claro y le quise poner nombre a todas las cosas. He lavado mis manos, las dejé sin rostro. A cada pie le hice agujeros y los puse a andar. Les hable de la tierra para que se extraviaran, para que fueran a buscarte sin mí Para que supieran de su tiempo. Ellos que no tienen memoria, que no se duelen la sangre circulando, la boca, el hastío. Ellos que también amarían» (poema III).

 

También lo simbólico de la casa está presente, porque la casa no es solo una estructura física sino también el entramado de relaciones intrafamiliares, lo de adentro:

 

 «-Esta casa- que se ahoga y naufraga cuando cierras la puerta. Cuando dejas en el suelo sólo el eco de tus palabras. Cuando dudas y no miras la explosión silenciosa que a tu espalda se calcula mortal mía» (poema V).

 

Y la profunda relación con su hija:

  «El duelo de la mujer que fui, el tiempo de mi niñez, el dormir de mi hija y su fiebre de 39. Sin secreto he dado otras formas a la imagen que guardo de la ternura con que despiertas, al hilo fino que adherí a tu desnudez (poema IV)».

 La segunda parte «Poemas recuperados» constituye la parte más breve del libro, los textos toman una forma diferente en su estructura, asistimos a poemas con momentos resplandecientes, un lenguaje más simple, para nada banal, sino con imágenes de profundo significado:

 

Venimos de la penumbra

de una muerte antigua

somos lo que queda latiendo

la brevedad en gotas

esa compleja formación del rocío (...)

En estos poemas recuperados

 

En los «Poemas recuperados» hay una voz que asume las voces: tú, nosotras, vosotras, ellas; tomando la batuta, como dirigiendo un coro, se decide cantar una declamación en nombre de todas:

 

Esperamos de pie

Nuestro silencio prepara la tumba de los que vendrán

la guerra tiene hambre

y nosotras también

 

«Otras palabras», es la última sección del libro, en la que prevalece, una indagación existencial, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir; los compromisos, las dudas, las realidades:

 

Un poema para el silencio

Dejaré que se hagan dueñas de mis dificultades y me partan

me romperé con ellas para que algo nazca

nunca bastó el cuerpo, quise ser más

reproducirme en hijas

 y palabras

creí en la mujer sin saber cuántos días le duraría la fiebre de ser justa, libre, nación.

 

Un poema clave en todo el libro, una especie de autorretrato de la autora se puede palpar en el siguiente poema:

 

Retrato para un entendimiento

 

no pude parir a mi hija y soy su madre

ella se dio vuelta

se clavó en mis costillas

tenía miedo

como yo y las cuatro manos que le han cargado desde entonces

durante horas nos anidamos en signo de muerte

y sobrevivimos.

 

Para finalizar, volvamos al principio, a la hermosa ilustración que representa a la autora, y pensemos esto: que los pájaros pueden comer los ojos, solo para perpetuar el vuelo o renacer de lo que queda. Finalizando la lectura de «Animal Solar», me llega a la memoria el poema de la gran poeta venezolana Lydda Franco Farías:

 

UNA amanece

con el cuerpo de cera

con la víspera haciendo piruetas

con ojeras que delatan los retorcimientos

del amor. (p. 22)

 

Y Aquarela nos recuerda el poema que da nombre a su libro y destaco como una sentencia para finalizar la lectura de esta valiosa obra:

 

Animal Solar

quise conservar aquí este animal sagrado

 no hacerle sombra

abrir de la derrota un nombre que le sirviera

que le llamara luna a la luna

y amplio al espacio donde habitas

quise también creer que el cielo era un refugio para ingenuos

quise decirle, antes que la voz se me quebrara

que cada sueño que llevas a la boca se desgrana

se vuelve polvo

somos un cuerpo desnudo a la intemperie

quise guardar a este animal solar en el ombligo

darle de comer lágrima y aullido

para que asomara su enorme cabeza de galaxia en las ventanas (...)

 

* «Animal Solar» forma parte de la Colección de Poesía Plateado sobre plateado, de LP5 Editora.Son libros en físico (impresos por demanda) y electrónicos (Kindle, Tablet, Computador, Smartphone), están disponibles en la plataforma  Amazon de cada país. Animal solar tiene 63 páginas (libro físico) y 50 págs (libro electrónico). Fox Island, WA, USA.Su primera edición fue en el mes de agosto 2020. El dibujo de la portada es de Violeta Cely Agudelo y el diseño de portada es de Gladys Mendía.

 

                                                                                                                                                    Foto tomada del Fotobook "Diario de confín y amientos" de Norys Saavedra

Referencias bibliográficas:

-Franco Farías, Lydda (2009). Lydda viva poemario. Ediciones Nuevo Día. Coro, estado Falcón. Venezuela.

-Padilla, Acuarela (2020) Animal Solar.Fox Island, WA. USA: LP5 Editora, 2020.

-Paz, Octavio (2015) El Arco y la Lira. México, DF: Fondo de cultura económico ( Lengua y Estudios Literarios).

 

Sobre la Autora



Aquarela del Sol Padilla, 19.04.1988 Caracas-Venezuela

Empecé a escribir porque tenía cosas que decir. Crecí en una familia de tres, que luego fuimos cuatro. Una familia hermética, nómada, militante. Me enfada la injusticia y nací con cuerpo de niña, en un país condenado por el oro negro, partido por el hambre, el machismo y la violencia. Empecé a escribir como una especie de deuda con mi propia historia, con la historia de mi familia. Tenía cosas que decir y tengo. Para mí la poesía fue una forma de sacarme la rabia, para poner la piel en el entendimiento de un cuerpo de mujer dentro de un territorio saqueado por la avaricia, me ha sostenido el circulo de afecto que me arropó desde que nací, como un signo de vida que no me abandona. Escribo con dolor, cuando termino un poema me queda una sensación de hueco, escribo y me siento vulnerable, pero cuando leo en voz alta me nace una fuerza que no es mía, que me toma. Quizás la poesía es mi forma de espiritualidad, mi forma de amar y condenar. A veces escribo desde mi cuerpo, que a penas conozco, lo libero, lo resignifico para sentirme menos aislada, para recuperar sonidos y texturas, olores que vienen conmigo. Garabateo un repicar de tambores para estremecerme hasta el llanto, narro el mordisco dulce de un mango sin hilachas, descalza frente a la inmensidad del mar caribe. Escribo porque soy un animal gregario con lenguaje. He publicado algunos poemas, escrito algunos guiones, participado en algunas revueltas.