… Y la obra se hizo luz: conversación con Evangelina Contartese

 

Por John González

 

Ruidos, pasos, aplauso, pausa, giro… Alguien llora, ríe, dos y tres se abrazan, se destruyen, vuelven a nacer. En el público, una mujer hace un gesto que nutre la intención de un actor motivado y deja esa cicatriz permanente en la conciencia del otro que no termina por saber qué está pasando en el interior de aquello que llaman escenario y que ha iniciado con una palabra unas horas antes: acción.

 

¿Qué es una acción? Un verbo, algo que debe ser cumplido, que debe saber hallarse en el sujeto que espera a ser invocado por el poder de la palabra. Esto no siempre es así. Evangelina Contartese lo sabe. Con cámara en mano ha sido capaz de plasmar en sus fotografías los diferentes matices que pueden alcanzarse en el cénit de la interpretación artística teatral, una máscara puesta sobre el rostro que ya porta su propia mueca infinita y cotidiana. Y es en esa cotidianidad donde unapersona sabe que comenzará a sentir sensaciones muy humanas en su cuerpo de divinidad dibujada de talento.

 

Las fotografías de Evangelina saben reflejar el inagotable número de emociones que una vida infinita sobre la tarima debe transmitir. Nosotros, espectadores humildes, debemos guardar silencio ante ellas y dejar que ese grito congelado en la luz se exprese en nuestro interior y dejar que el verbo haga su trabajo.

 

John González: El arte imita a la vida. Los que nos dedicamos al arte, solemos pensar que es al revés, que es la vida la que busca encontrarse a sí misma en medio de la actividad creadora. Los mismo pasa con el teatro, donde los actores tienen la habilidad de vivir infinitas vidas sobre un escenario. Es una forma de decir que en el teatro se vive el arte como una constante. ¿Cómo interpretas las vidas que captura tu lente sobre el escenario?

 

Evangelina Contartese: Soy fotógrafa desde el año 2012. Me parece importante comentar cómo comencé en la fotografía. Yo era bióloga, me dedicaba a eso de manera profesional en un laboratorio farmacéutico. Siempre me gustó la fotografíacomo hobby y, pensando en estos falsos preceptos que uno se crea, llegué a considerar que no era para mí. Me gustaba un reportero documental que trabajaba en un diario de una tirada muy grande acá en Argentina, coleccionaba todas sus fotos, sus recortes, pero yo no pensaba que eso era para mí o que pudiera ser una profesión para mí. En el año 2012, accedo a tener una cámara, mi primera cámara réflex y empecé a investigar, un poco amateur al principio, así como en algún curso que hice con algunos profes de manera bastante particular. Me fui nutriendo un poco de lo que era la técnica en la fotografía. Tuve un profesor que me marcó mucho durante esa época que es Michel Marcu porque era, y es todavía, una persona que yo considero muy emocional en lo que hace. Quizás al tomar los primeros cursos con él sentí que me gustaba ese foco por medio de la fotografía.

 

¿Cómo interpreto las obras que me llegan o estos personajes que me llegan a través de la fotografía de teatro? Yo creo profundamente que las obras que me llegan tienen mucho que ver con lo que me está pasando. Eso lo pude ver a lo largo del tiempo, no pude verlo al principio. Me pasaba que fotografiaba las obras que me dejaban fotografiar, no las obras que yo quería. No era una persona asidua del teatro, hasta que conocí a alguien que era actor y él me presentó a sus amigos. Allí tuve acceso a practicar en este medio. Creo que, de no haberlo conocido, quizás no me despertaba la fotografía del teatro o me despertaba otra rama de la fotografía. Se da la situación de que me enamoro de esta persona, seguimos teniendo una relación hoy después de muchísimos años y él fue quién presentó el teatro en mi vida y el primer medio para practicar. Tampoco tenía conocimiento sobre el mercado teatral o de las artes escénicas. Lo que me dio fue mucha capacidad de reflexión sobre el material que iba creando. Lo que me pasa siempre y lo que me pasa hoy, mirando en la distancia en relación a mi trabajo, es que me llegan obras que, a manera de espejo, me cuestionan algo personalmente, o me ponen entre la espada y la pared con las cosas que pasan. Me dejan una reflexión, no solo desde lo visual, sino también en el plano personal. Para mí, eso es sumamente importante.

 

La técnica la considero como un ítem muy certero. No podemos no saber de técnica cuando vamos a hacer fotografías de teatro, pero me parece que lo fundamental es poder empatizar con lo que está sucediendo adelante. Si a nosotros no nos interesa el teatro, no nos interesa qué les pasa a estos personajes o qué les pasa a los actores que interpretan esos personajes, dudo que podamos comunicar algo, aunque podamos tener una técnica maravillosa. Para mí, lo fundamental cuando hago mis retratos o cuando yo me autorretrato, o cuando hago las fotos del teatro,es poder nadar o bucear en las oscuridades de lo que nos pasa, en la luz de lo que nos pasa, en conocernos un poco más. Si yo solamente pienso en mi reconocimiento dentro del ámbito, para mí no sirve laburar así y yo no laburo con ese criterio, laburo desde el poder quedarme con algo de la obra que me espeje, que me increpe y que me pueda cuestionar y reflexionar sobre un tema y es como ese primer golpe de amor, de decir si esta obra yo la puedo fotografiar. Hay obras que quizás me costó un montón fotografiar, o puede ser que quizás el tema no me representaba algo en ese momento, o porque quizás justamente me representaba tanto que me costaba abordarla, pero siempre las obras me dejan algo.

 

J. G: Los artistas del teatro deben encontrar una motivación para representar su papel según lo que requiera el personaje. Si tomamos ese concepto y lo llevamos a la fotografía, ¿Cuál sería tu motivación al momento de tomar la cámara? Es decir, ¿Qué buscas experimentar cuando fotografías?

 

E. C: Es muy compleja esta pregunta, al menos para mí, porque creo que todavía no lo sé. Me parece que mi motivación para fotografiar tiene que ver con el sentir. Yo empecé a hacer fotografías como hobby al comienzo porque escribía y no tenía las imágenes para lo que escribía. Me parece que tiene que ver con eso. Sigue siendo, al día de hoy, que me cuesta muchísimo escribir que, cuando lo hago, fluye, pero me cuesta un montón. A veces estas imágenes ponen en texto algo que yo estoy queriendo explicar y no puedo, o que estoy sintiendo y no puedo comunicar de una manera correcta. Soy una persona muy sociable, pero muy metida para dentro, como que a mi mundo privado no tiene llave cualquiera para acceder. Quizás lo que muestro es muy poco a lo que es en total mi mundo privado, y ese mundo privado se nutre de, quizás, una palabra, una frase, y de imágenes constantes todo el tiempo. Entonces, mi motivación quizás sea encontrar esas imágenes que representen en el fondo lo que estoy sintiendo, lo que estoy pasando y que la gente me pueda conocer a través de eso.

 

Me parece que soy una persona muy sensible, a veces extremadamente sensible, y no encuentro otra manera de poder canalizar esto, entonces, la fotografía terminó siendo para mí una terapia a nivel personal. Es mi trabajo, pero al mismo tiempo, es mi terapia para poder contar lo que me pasa, de poder mostrar lo que me hace bien, tiene que ver con eso, con la forma de mostrarme al mundo: yo soy esto, miro generalmente en blanco y negro. Tiene que ver mucho con mi personalidad. Soy una persona muy intensa, no manejo mucho las escalas de grises y creo que esa es la manera de sintetizarme. La fotografía me sintetiza a mí como persona y tienen un texto, tienen su gramática y es la que mejor me sienta.

 

J. G: En tus fotografías he podido encontrarme con diferentes aspectos que considero importantes de resaltar: personajes que parecen esperar un algo, personajes que ríen, que sienten, personajes que abrazan almas, personajes que parecen perder la suya plácidamente…¿Cuál es el método que empleas para lograr transmitir estas emotividades a tus espectadores desde el lente de la cámara?

 

E. C: El método se me dio claramente por la inexperiencia, al principio, y la timidez en la manera de encarar el trabajo. Las primeras fotografías de teatro las realicé con este grupo de amigos que se dedicaban profesionalmente a ello y yo iba a los ensayos generales, tomaba fotografías, no me metía en la escena y no pedía lo que necesitaba. Me parecía que yo era una espectadora activa, muy atenta de lo que me estaba pasando con esto otro que estaba sucediendo delante de mí. Y digo una espectadora activa porque había una intención en mi mirada, una intención en los encuadres, siempre intentando captar un poco la relación entre los personajes, entiendo que hay situaciones en las que los personajes los viven solos y hay situaciones en que los personajes lo viven en relación con otro en el escenario. Yo intento resguardar eso de la obra de ese director, de ese autor y de esa puesta en escena. Los mismo me pasa con los colores. Respeto los colores. Yo soy la reproducción de otra obra de arte, de esta obra escénica que está sucediendo delante de mí. No puedo cambiar la intención o lo que yo considero que a mí me gusta más. Si esa obra es a color, la fotografía tendrá que ser con los colores de esa obra, de esa escena, de esa escenografía, de esa iluminación.

 

Hay muchos artistas trabajando en el escenario, algunos de manera explícita y otros implícita y yo soy muy respetuosa de eso. Y lo que intento es poder representar lo mejor que puedo a todos esos artistas que están frente a cámara. La realidad es que ese método después se multiplicó y se hizo mi método de trabajo. Prefiero que, al principio, se me acerque el texto de la obra para ver cuáles son las imágenes que yo obtengo de eso, las anoto, generalmente pido un texto impreso y anoto esas imágenes que me genera, quizás sean palabras clave, después hablo con el director o con la directora para ver si esas imágenes que yo me hago en la cabeza son las que ellos esperan encontrar cuando yo haga mis fotografías, un poco para ponernos de acuerdo en lo visual y, después, me gusta ir a un ensayo. Mis fotos siempre las tomo en los ensayos generales, lo que suelo hacer es una pasada del ensayo general donde no intervengo en la escena y fotografío desde cualquier punto de vista sin interrumpir. Sí, posiblementeme meta en la escena a tener algunos planos, ya no como un espectador sino como un testigo, porque puedo meterme en la escena sin interrumpir. Quizás después, si hay que hacer algo más específico pido reproducción de esos momentos que me parecen importantes y que quizás no pude captar o que necesite captar de otra manera. Entonces, prefiero la pasada completa, prefiero actores que estén con su vestuario, que estén metidos al 100% en sus personajes y yo captar lo que les está pasando, porque si a ellos les está pasando, va a ser un sentimiento que me van a poder transmitir y que yo voy a poder captar.

 

Para mí esos días son como de ritual, me gusta tomar un buen café antes de empezar a fotografiar, me gusta llegar con tiempo al teatro, me gusta pensar en esas imágenes que quiero realizar. Es un ritual de relajación, de ponerme en el modo en el que voy a fotografiar y quitarme en las puertas del teatro los problemaspersonales o de la vida que todos tenemos. Para mí es muy importante poder conectar con las personas, con los artistas, porque de esa manera voy a poder conectar con mis fotografías. No me gustan las fotos posadas de teatro, no me gustan los fotógrafos o fotógrafas que quieran resaltar sobre la obra, cambiando colores o encuadres, o haciendo fotos a personajes separados. No. Si la escena amerita una interrelación de personajes, tiene que estar ese plano general, si en esa escena está hablando un monólogo y es primera persona, y hay sentimientos, entonces el encuadre será más pequeño. Tiene que ser respetado lo que está sucediendo, porque sino no estoy siendo fiel a la obra. Yo tengo que ser fiel a la obra con lo que me pasa a mí. La mejor manera de hacerlo es eso. Los actores y las actrices tienen que fluir y yo tengo que poder captar qué es lo que está pasando entre ellos para poder ser fiel al registro y ser fiel a mí misma también.

 

J. G:Al llegar a casa y ver las fotos que has tomado, ¿Has experimentado ese mismo sentir que los actores experimentan al momento de hacer la toma?

 

E. C: Eso me pasa en el momento. Esa conexión la siento al momento en que estoy haciendo las fotos. Me pasa al instante. Si estoy haciendo la foto y veo y siento algo que está sucediendo me motiva un montón a seguir con la obra o a seguir con esa jornada de fotos, porque estoy viendo que esa magia está sucediendo. También me ha pasado que eso no ha sucedido en los ensayos y, de manera privada, se lo he comentado al director o la directora de la obra, porque la fotografía es un arte de mucho registro documental, de mucho valor de lo real, y cuando los actores y las actrices no están metidos en personaje o hay algo que está pasando en la escena y ellos no lo pueden resolver, quizás para el espectador pasivo pasa, pero para un espectador activo y a mí como fotógrafa queda muy en evidencia cuando hay algo que no está fluyendo o no está sucediendo. Y cuando yo lo noto también eso sucede en mis fotografías y me parece fundamental no exponer a los artistas de una manera que no tienen que ser vistos.

 

Cuando ese ensayo no funcionó para las fotos o demás, lo charlo después con el director o la directora para avisarle de esta situación, le muestro quizás parte del material que se generó ese día para que lo tenga y pueda tener registro de lo que le estoy contando y, seguramente, mi trabajo concluye otro día yendo a otro ensayo general. Si tengo la posibilidad de hacer el desarrollo de obra, como desde un trabajo de mesa o algunos ensayos y después ensayos generales, y hacer las fotos de la marquesina y demás, para mí es fantástico porque puedo ir entendiendo cosas de la obra y de los personajes que después en la fotografía se convierten en índices, terminan estando sin que yo las busque, pero es porque la obra se hizo carne y el ojo está buscando ese índice que ya uno tiene como un registro corporal. La fotografía tiene mucho de este texto subyacente que me parece copado interpretar y leer sobre ese tema. Mi manera de trabajar tiende a ser así: soy muy sincera y cuando llego a casa ya sé si esa sesión funcionó o no funcionó, no necesito llegar a mi casa y ver las fotos. Posiblemente si hay algo que no me cierra ese día, suelo tomarme uno o dos días de distancia de las fotos, para ver si encuentro otras cosas que no pude ver el momento que las pasé a mi computadora, pero yo ya tengo bien claro con lo que me voy a encontrar.

 

J. G: El teatro es una extensión de la narración, un universo formado en la literatura, pero con un universo de emotividad propio, como el que se suele encontrar también en la poesía, ya que en la misma hay una entrega y un desapego del ser tangible y perdurable. Escribir un poema es despedirse de una parte de ti que nacerá y crecerá en alguien más. ¿Sientes que hay poesía en cada una de tus fotografías? De ser así, ¿Cómo vives ese desprendimiento de una pequeña parte de tu ser, solo para reencontrarlo en alguien que, como yo, se deleita con tus imágenes?

 

E. C: El tema de lo poético y lo visual me parece que van de la mano. Yo arranqué a escribir poesía libre, escribía lo que me pasaba. Cuando yo me enamoro fue una revolución muy grande en mi vida que trajo esto: dejar la biología, empezar a estudiar fotografía y dedicarme de lleno a ello. Necesitaba escribir, necesitaba expresar esto que me estaba pasando. Lo llamo poesía libre porque me parece que el término poesía es pesado, es groso, es grande, y yo escribía cosas muy sencillas con respecto a lo que me pasaba, pero no encontraba las imágenes para eso. Al no encontrar las imágenes, las empecé a hacer yo, como podía, con la cámara que me había comprado. Fue muy loco porque mi primera cámara me la compré con parte de un dinero que me dejó mi padre de regalo luego de fallecer en el 2010. Esa cámara fue todo un cambio en mí: su muerte, dedicarme a otra cosa... Fue como una revolución solar a esa edad. Creo que, si uno no tiene algo para decir a nivel personal, raramente tendrá algo que decir sobre una obra, sobre un personaje que retrata, de un actor o una actriz o de un autorretrato propio.

 

Dudo que alguien pueda contar algo si no se tiene nada que decir sobre uno mismo primero. Yo encuentro esa poética en algo que está pasando porque hay algo que a mí me moviliza y hay algo que necesito decir con esa obra que no puedo decir con una foto documental o con otro tipo de registro. Siempre las obras que me llegan tienen que ver con algo que me pasa. Esa poesía que tiene el texto y esa poesía que tienen las obras, para mí son fundamentales para poder fotografiarlas. Llegó esta obra, la fotografié y la llevo al aire, publico algunas fotos o las entrego al director o directora. Generalmente, entrego las fotos primero a quien me contrata y después las publico con el tiempo alguna foto para mi porfolio, como una cuestión de respeto a mi trabajo. Me parece que las fotos cuentan un montón de una obra, entonces, uno no puede poner en sus redes sociales todas las fotos de la obra o todo lo que le pase por la cabeza porque es bastante delator. Siempre intento que los actores, las actrices, el director o la directora hagan uso de ese material y luego yo. Al terminar, ansío ya que llegue otra obra para fotografiar y que yo pueda fotografiar. A veces hay obras que no pude fotografiar y al principio me ponía muy mal. Después entendí que muy posiblemente esas obras no eran para mí. O me pasa con actores o actrices que se quieren hacer un book y después que envío mi presupuesto no responden a mis mensajes. Después entiendo que esas personas, esas obras, esos artistas no son para mí. Yo dedico mucho tiempo a fotografiar a las obras y a las personas que empiezana formar parte de este círculo de trabajo y, para abrirse a ese círculo, también tienen que estar abiertos a nivel personal y entiendo que no todo el mundo lo quiera hacer. Desde el momento en que yo agarro mi cámara y preparo la mochila, eso ya es poético, ese ritual de tomar mi café, de llegar temprano, de ir al teatro o de hacer fotos donde generalmente las hago que es un sótano del local de un amigo. De allí salieron muchas de las fotos de mis obras. Eso ya es poético, es encontrar belleza en esa cotidianidad, en ese ritual y encenderse para que eso suceda. Yo llego al sótano, llego al teatro, llego a una sala pequeña y trabajo con el mismo amor, la misma pasión y el mismo compromiso, no me importa si es el Centro Cultural de la Cooperación, el Teatro Buenos Aires o un espacio chico o una sala cultural más de barrio con pocas butacas. Yo trabajo de la misma manera.

 

Las fotos necesitan nacer. De nada sirve si yo me quedo con las fotos en mi cámara, en mi computadora o fotos muertas porque esa imagen se formó con luces y sombras y esas luces y sombrassiempre necesitan mucha luz para que llegue otra obra u otro artista para poder retratar. Necesito soltar para abrazar cosas nuevas. Eso sucede con las fotos, con la vida, con las emociones, con las personas, con la cotidianidad. Hay que hacer espacio siempre y, para hacerlo, necesito que las fotografías nazcan. Muy posiblemente lo hagan mucho después de cuando sucede la obra por esto que digo de que respeto mucho a quien me contrató, entonces, publico algunas fotos de la obra o quizás publico muy poquitas y el resto va a mi solapa de porfolio. Sí intento que las fotografías nazcan lo más pronto posible y que sigan rodando.

 

La verdad es que yo nunca me pregunté sobre lo que generan mis imágenes en los otros. Sí tengo claro el poder que tienen en mí como sanación, liberación, catarsis de los textos, sobre esto que quiero decir y no puedo, pero si hay otro que disfruta con ese retrato, con esas fotos de teatro, que encuentra que ahí hay algo que pasa, que es potente y queda un recuerdo de esa imagen, eso para mí es algo que dice que la fotografía supera ampliamente mis expectativas y mi profesión. Yo siempre intento motivar a las personas a hacer lo que les gusta, lo que quieren y eso es motivador para mí. Pero en el fondo, no es la palabra del otro lo que me motiva, sino lo que me pasa a míy, como yo soy una persona a la que le pasan cosas, que demuestra que le pasan cosas y que se permite vivir esas cosas, en el otro mis imágenes pueden generar una emoción y causar algo. Al principio me costaba mucho entender esto porque las opiniones eran de personas que me querían o mis amigos y allí estaba un poco empañado, como digo yo, la objetividad. Pero el círculo se fue abriendo y, cuando encuentro que a varias personas le pasan cosas, con sus propios retratos que se hicieron conmigo o con fotos de teatro de la obra, me hacen sentir muy feliz conmigo misma porque mi tarea está cumplida. Definitivamente yo lo hago para sentirme mejor, para ser más feliz y simplemente por eso. Encuentro algo que contar porque esos personajes están hablando, están gritando, no pueden callar más y son cosas que, seguramente, me pasan a mí y sucede ese “¿Quién lo dijo primero?” Bueno, no sé quién lo dijo primero, si el personaje o la foto, pero ese momento, ese instante en que el personaje está gritando o diciendo algo y yo también lo siento, la foto cobra vida, tiene el sentidode nacer primero en mi cámara y después nacer ante el mundo cuando se publica. Pero en ese instante en que le entró luz por el lente a mi sensor es porque también está entrando algo en mí, a mi corazón, de lo que el personaje tiene que decir, sino no existiría la fotografía para mí.

 

Telón. La función termina, pero la vida sigue. Cada uno de nosotros se levanta de sus asientos y nos dirigimos a nuestra propia burbuja íntima, teniendo cuidado de a quién dejamos entrar en ella. Al terminar de escribir esta entrevista, me percato de algo: cada uno de nosotros improvisamos en el modo de vivir, ya que ninguno sabemos concretamente cómo hacerlo. De lo que estamos seguros es que la muerte sabrá buscarnos a su debido tiempo. Eso realmente no debe asustarnos. Por el contrario, hagamos lo que los actores protagonistas de las fotografías de Evangelina saben hacer perfectamente: ensayar. Tomemos un respiro, vamos a la cocina y preparemos un buen café, sigamos el ritual de liberación que la autora nos ha regalado y comencemos a practicar infinitas maneras de vivir. Tal vez, si tenemos suerte, Evangelina tome su cámara y nos retrate, haciendo de nuestra vida un bucle infinito de múltiples historias, una más grandiosa que la otra.


Galería Fotográfica:


Aceite de mariposa



El vuelo de las moscas


En pie de esperanza


                                                                                                                              Festival Angers


Hist+¦ryka



Miserables



Molly una mujer (en cartel)


Viejas ilusiones


                                                                                                                                           Cuarteto


Mientras se vuelan los campos



Evangelina Contartese




Argentina, (1979), es Técnica en Artes Audiovisuales, Fotógrafa y Realizadora Audiovisual nacida en Buenos Aires, Argentina. Actualmente realizasu tesis de la Lic. en Artes Audiovisuales enla Universidad Nacional de Avellaneda. Es ayudante de la materia Lenguaje audiovisual 1 Licenciatura en Artes audiovisuales, Undav.Profe de fotografía en Uces arte. Se dedica a la fotografía de teatro desde el año 2012.Pertenece aATINA Argentina tutoriando proyectos teatrales y brindando herramientas audiovisuales y multimedia.Edita LA Exprimida. Revista inclusiva de fotografía.Participó como fotógrafa de varios festivales internacionales de teatro:Fitub (Brasil, 2012), Fécule festival (Suiza, 2013), Festival de la Création Universitaire (Francia, 2013), Festival Nacional de Teatro Universitario (Brasil, 2013), Festival del Teatro Carro de Baco (Barcelona, 2013), Festival Shakespeare (Argentina, 2014), Festival de Teatro de Paysandú (Uruguay, 2014) y Disertante Festival FITCBA (2020).


Fotografía de portada: Evangelina Contartese