Mi cáncer dice:

Tu lucha está dentro de la poesía como un pequeño huevo. En ella no hay odio. Torpe como la gallina viniste a mí, lenta como la infancia. La balanza rompió. De tu telaraña manaba mi temor. ¿Qué olor tenías? Tu búsqueda era implacable. Todo el paraíso reducido a una ancha línea roja. Del principio al fin de la Historia.

 

  



 El cáncer del consumo abre su tienda. Se vende. Deja caer su monedero. Niega el discurso, el sentido. Se inauguran los hospitales, los cuerpos que ya no importan. El capital es una vitrina que te atrapa. Los enfermos miran tras la ventana de la vanidad. Su imaginación converge con el desgaste.


América también existe

América existe

Inger, no nos niegues

 

América existe

el aymara existe; y la flor de papa, la flor de papa

y el quechua existen; y Resígaro, Resígaro

las alpacas existen; Resígaro, aire;

y quinuales existen; las alpacas existen;

alpacas, abarema, aiphanes, arterias

los ronsocos existen; los mayas, las llicllas

los orejones existen; los ronsocos, los ronsocos

yana wayra, la momia Juanita y los intis; los intis

existen; los intis la chicha de jora; y los mitos

existen; los mitos, los intis, la chicha de jora

anata existe; la furia y la fiesta

existen; y el Señor de Muruhuay; Rosa de Lima,

los huérfanos y la vizcacha existen; los suyos

existen, la fragilidad; la fuerza de la fragilidad;

y la oscuridad plena existe, el sauce y el sauco

existen, y brunellia, la mezcla, la indiferencia

existen; y el cebú y el pejesapo existen,

y el petróleo de Venezuela existe, y las causas, las causas

el ukuku existe, con su hielo amarrado a la espalda

existe, con su danza protectora

y su devoción para el Señor de Q’oyllur Riti existe; alegre

existe; en Paucartambo y Quispicanchi y en la montaña nevada;

también los perros existen; y el gallinazo carroñero, el

cóndor andino

el buitre; las bromelias y la soledad del oso melero;

los khipu kamayuq existen y lianas existen;

las verdades existen, las intensas, las católicas,

las éticas; el acelerador de partículas Ciclotrón existe y la cucaracha blanca;

y las flores carnívoras existen y el gracioso caminar sobre los ríos del

Amazonas del lagarto Jesucristo  donde

los pajareros existen, los pajareros existen

en selvas donde la gente esculpe sirenas sobre la madera

que no conoce la nieve con la que juegan los niños de Alaska.

 

 


El cáncer de la necesidad es un gigante. Aplasta las chozas de los pobres. Aplasta las faldas voladoras de las mujeres. Aplasta. Los ciudadanos no existen.

Mi cáncer dice:

aquí también estás tú. Eres una niña que no sabe divertirse. Tus tímpanos crecen después de tu primera muerte. Escuchas la partida de tu padre. Juegas con tu sinceridad como si fuese una muñeca y con tu desastre como si fuese una cometa. La poesía curará tu cuerpo y el de tu padre. Se lavarán las culpas.

 

 


 El cáncer de la alegría es rojo. La ameba se desliza en sus pies falsos. No hay bien que sea real.

La poesía existe como el primer animal

El racismo existe, los barrios, la memoria

 

e ichu y manzanas y conejos y floripondios,

la tristeza existe, el racismo existe;

 

las ruinas existen, los turistas que las visitan existen y la fotografía de las ruinas

 

piedras de ruinas milenarias sin nombre existen,

piedras de ruinas que se llaman Caral, Chichén Itzá, Teotihuacán existen y los miles de huacos retratos

 

existen, en la historia imperial de los caídos; existe también la emoción, y la maca y Pachacamac existen,

los terroristas, el minero peruano, los hijos del minero peruano;

 

y los ronderos campesinos existen, una callada aldea, sentenciado, seco y quemado a metrallazos,

los ronderos campesinos existen; a oscuras desaparecidos existen los ronderos campesinos,

con sus ponchos, sus polleras, con su mirada petrificada existen

 

los ronderos campesinos, y los apus existen, enormes

como señores temibles, los manantiales existen;

los manantiales, cristalinos, celestes y dulces,

del misterio, extinguidos,

este aliento de hambre, negro, que está esfumándose

 



 Algo parecido a una jaula cae sobre nosotros. Es el cáncer de la tristeza.

Mi cáncer dice:

tu memoria es hundimiento sin unidad ni coherencia. Por ello, un corazón recurre a otro corazón para curarse. Aprende de la que oró al silencio y en voz alta reclámale golpeando a tu pecho ausente tres veces: yo confieso, yo ruego y acepto: por ninguna culpa, por ninguna culpa, por ninguna gravísima culpa te he perdido.

Háblale a lo que existe.

 

  


 


 

Evoco. Abro un agujero en mi célula inmortal y le enseño a morir. Salgo a ver el destello de la que veré por última vez. Saco las sábanas de mi cama y limpio las manchas de sangre de mi colchón. Ilumino.

La cura existe, la cura existe

el bordado diminuto sobre el yute de mi abuela

Todo tan limpio como era en el principio

 

La paz existe

el humilde lavado de pies del papa Francisco a los doce presos de la

cárcel de Paliano

como bendición para el desamparado

 

un avatar como una encarnación de Dios

 

ya sea

que creas o

no, en cualquier hora

en que quizá como nunca

haz pensado que te pueden amar

en cualquier hora

quizá de febrero, mientras

lees Pedro Páramo de Juan Rulfo

y necesitas naufragar sobre una pregunta

 

contar la historia de la procesión de la papa

que pintó Gerardo Chávez sobre la humildad de los costales

con tierras de color que el mismo preparó, y que casi

perdiste tu ojo derecho a los cinco años

y jugar al Mundo

como si el camino al cielo fuese el camino a la poesía.

y sólo hay un día para descansar

y percibir en silencio, mientras tu familia peregrina

hacia Ancón,

para lavar la ropa de tu abuela muerta como

purificación de su viaje y continúa

viviendo en cada uno de ustedes, mientras Gerardo Chávez

dibuja fieles monstruosos y el maya del cielo, que

nunca pensaron que resucitaría, ciertamente ha

resucitado, un reencarnado, un

redivivo del pueblo, una

hora cualquiera, antes

del maya del cielo que seguirá resucitando

con regularidad

para que siempre

la Comala de Pedro Páramo

siga creyéndose una fuerza miserable

donde la vida

que no se mide por años

ni es un espectáculo

impide que sepamos dónde está

 

abismarnos dentro de nosotros es inútil

 

hemos sido abandonados en un movimiento extraño

aquí la eternidad del árbol del hambre se desnuda,

protege al pájaro,

se despide de la guerra y la enfermedad

y la palabra que aún queda en

la despego de mi lengua 

para regalársela al manantial

 

 


 Pero abro un agujero en mis células inmortales. Dibujo en su comienzo, garabateo en su final. Retuerzo el papel en el que escribo sus nombres, las convierto en aviones, en palomas.


Fotografía de portada: Rómulo Peña

Teresa Orbegoso


Lima, Perú, 1976. Poeta e investigadora social. Licenciada en Periodismo y Master en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina). Publicó los libros de poesía Yana wayra (Lima, Urbano Marginal, 2011), Mestiza (Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2012), La mujer de la bestia (Maldonado, Trópico Sur, 2014), Yuyachkani junto a la artista plástico Zenaida Cajahuaringa (Lima, La Purita Carne, 2015), Perú (Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2016), Comas (Buenos Aires, Añosluz, 2018) y Abro el miedo (Lima, Hanan Harawi Editores, 2019). Este último libro fue nominado el 2019 al premio “Luces” del diario “El Comercio” en la categoría “mejor poemario” en su país. Este 2021 fue reeditado en Argentina por Las furias editora. El libro Perú ha sido reeditado en Perú y Guatemala.