PROVISORIO porque nadie sabrá su origen ni su final


*Provisorio

Luis Enrique Belmonte.

LP5 Editora.

Fox Island, WA, USA, 2020.

 (168) pp.

  

 por Norys Saavedra Sánchez

  

    Una fotografía en blanco y negro, pasajeros esperando el tren; el último o el primero, con esta significativa imagen iniciamos la ruta de Provisorio, la más reciente Antología del escritor venezolano Luis Enrique Belmonte (Caracas, 1971).

    El adjetivo provisorio nos habla de aquellas cosas que no son permanentes o definitivas,el autor nos presenta una obra con una selección de nueve de sus libros de poesía y dos geniales ensayos, que dan cuenta de un mundo donde acaecen desplazamientos de situaciones en sí mismo y en los otros, en variadas condiciones de la existencia. Nos lleva a esos lugares donde los estados del Ser se mueven constantemente en los tiempos. En este sentido, no está demás decir que Luis Enrique Belmonte es conocido también por su vocación de músico y ejecutante y trabaja sus textos como instrumentos, ajustando, afinando; se percibe la unidad entre la palabra y los ritmos expresados en su poesía. Recordando lo que decía María Zambrano, en Filosofía y Poesía (2005):

     Por lo pronto, esta unidad de la música está ya ahí realizada es una unidad de creación; con lo disperso y pasajero se ha construido algo uno, eterno. Así el poeta en su poema crea una unidad con la palabra, esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante (p.14).

    Podría querer apresarlo, pero en su inconsciente sabe que nada permanece, aunque quisiera. Es pues la voz del autor, una voz con su propio instrumento. Parte de esta antología es una estética fresca, sobria, que delimita cada libro con una imagen simbólica donde cada uno representa una faceta y en conjunto reflejan una madurez de escritura, según avanzan los textos. Un inquirimiento y horizonte de las cosas que ha vivido o sentido el poeta. En «Provisorio», percibimos el desplazamiento desde unos días pasados hasta el presente. El paso por los hallazgos de la vida diaria y diálogo con el acontecer, fluirán también los espacios dónde ha convivido con su entorno el poeta, la casa, las calles, los consultorios, los otros, el Yo.  El libro abarca el periodo de 1997-2019 y en su extensión denota un funcionamiento dentro del ritmo de un todo, como lo decíamos anteriormente en el tema de la musicalidad. Aunque todos los libros contenidos en esta antología sean importantes, me daré a la difícil tarea de sintetizar algunos.

   

    De Cuando me da por ser caracol (1997) En su primer libro de poesía, podemos escuchar el rumor de un tiempo que pasa y algunas incertidumbres; es la voz primigenia del poeta joven que empieza la travesía : « Mira  el cielo reflejado en las ventanas/ los crímenes que anuncian el punzante resplandor de las navajas/ los tacones que suenan como tacones africanos/ Se encienden los fuegos/ reverbera en el hueco de las cosas/una voz que copula con los insectos/ sobre la tierra negra del papel...» ( p.21).

    Hay que mirar el poema que está y no estuvo y la resurrección. La interrogante se alza: Fortuna Imperatrix Mundi

 

    De Cuerpo sobre la lámpara (1998) Un libro que resulta esencial en la Antología, con una sólida carga de profundidad semántica y parece plantear indagaciones ¿por quién duda el poeta? los silencios le agobian. Se espera la poesía, si cae como un fruto se desatará el proceso de creación, pero quizá solo hay una hoja en blanco. Notamos al creador enfrentando a la incredulidad. Sus palabras también recuerdan una vigencia en el tiempo actual; por decir, esos estados de confinamiento del ser humano, ya sea en sí mismo, en una casa, o siendo un paciente. Donde le asalta aquello que está por venir, el autor dice en su poema: El cautivo dibuja en las paredes de su encierro: «...Nadie se extrañaría/ si el ahogado que canta un aria antes de morir,/si el que sufre a solas en la regadera,/si ese que estuvo en el lugar preciso /pero en el tiempo equivocado, o el que con un clavel en el pecho/ llegó a tiempo al sitio inexacto, el que se enamoró de las lámparas/el que anuncia el bombardeo, el que le pone la manta encima/ al que acaba de morir, nadie, nadie podría decir quién será /el que puede llegar,/quien de nosotros...» (p.31)

    Hay miradas comunes del todo, maneras de hablarle al mundo, el sentirse fuera del rebaño y, sin embargo, vivir con el rebaño. En No se olviden de nosotros: «...No se olviden de nosotros cuando avancen, / los que compartimos el queso con los animalitos del subsuelo, / los que nos estremecernos cuando una semilla comienza a brotar. / No se olviden de quién apaga la lámpara/ el que no es bienaventurado ni quiere serlo, / el que descree y se descoce...» (p.27)

    En la melodía hay desasosiego, algo reclama: ¡Enciendan la lámpara, que hay penumbra! hágase la luz.


    De Inútil registro (1999).

    Un niño inocente de unos 5 años, la fotografía del autor en blanco y negro; un niño, que a la postre se convertirá en escritor. «... El niño no olvidará el rostro de quién afilaba su espada, / y pensará en él antes de caer vencido/ en un desembarco inútil por tierras del nuevo mundo. /Alguien en algún lugar, nos piensa, /sé que alguien se equivoca o tiene miedo/entonces allí nos piensa, nos convoca a la ceremonia del temblor...» (p.56). En este libro el lenguaje denota una riqueza vivencial, giran los acontecimientos desde los ladrones que entraron a la casa, hasta la condición de la errancia, un tono confesional, un historial, recuerda que, somos pasajeros de las circunstancias

 

    De Matadero (2002) Hay textos que se abren a la finitud, a la temporalidad de la existencia, recordando un tanto el aire de los muertos en la Comala de Pedro Páramo. Son esos muertos que deambulan y quieren hablar. Quizá la experiencia del autor en su otro oficio, que tiene que ver con la medicina, quizá alguna morgue, quizá quienes visten a los que dejan este mundo. Estos textos en forma de prosa que nos narran algo acerca de la condición de la muerte y sobre el tejido de sus vocablos:

 

Muerticos:

«Muerticos que dan risa en sus  carromatos,   muerticos

cómo papás hinchados por  la  humedad. Les agarraba

la mano para que se despidieran, les  frotaba  sal  en los

ojos     para      que    parpadearan,     les    decía    vamos,

muerticos    digan    algo,    anulen    sus    testamentos   o

escupan el veneno, muerticos...» (p.69).

 

     De Paso en falso (2004).

    La intimidad, el cuerpo, el insomnio, porque cuando caminamos y tropezamos estamos más cerca de nosotros, nos percatamos de que conectamos con ese cuerpo en el presente, si caemos. El riesgo de caer implica también levantarse y seguir. Caminamos por la noche, salimos de una puerta, entramos en otras. Hay una sentida inteligencia en los textos que ha trabajado el autor en este libro. Leemos en Sanatorio de Herisau: «Nos dan pastillas y agua/ porque somos ramas secas abruptas retorcidas. /Deben regarnos para echar afuera los demonios, los delirios, la melancolía...» (p.87) ciertamente este libro también habla de los padecimientos, como decir, que cada uno, tiene su propio camino.

 

    De Cuartos de alquiler (2005) Encontramos elementos como el despecho en estos poemas, pero no solo ello pues LEB nos tiene acostumbrados a esos ciclos que exploran lo que es estar vivos, pasando del amor a lo cotidiano y luego a la reflexión profunda, ya sea con cierto humor e ironía. Con en este libro, una vez más, demuestra su brillante modo de abordar los contornos en equilibrio y, por otra parte, el sentido de adelantarse a los acontecimientos. Dice en El fin de los malos días: «...Corría un año difícil: en los vecindarios escaseaban/ las conservas, los gatos y los poetas/ pero aquella mañana había que arrastrarse de alegría / sobre el suelo tibio, y pasearse muy orondo/ con un canario tieso en el bolsillo, / y sacar a la calle los trozos de mantequilla congelada...» (p.106).


    De Vendrá otra larga travesía (2006) Algunos dicen, que el poeta es un demiurgo, que con sus palabras podría adelantar hechos, aunque sean teorías no comprobadas. En este libro LEB parece avizorar algunos viajes, que emprenderá en un futuro, en lo que llaman azar, o como decía Jung: sincronicidad. Lo cierto es que este libro nos habla de las condiciones que se dan cuando emprendemos el viaje. Ese tipo de mudanzas físicas y espirituales. Podemos leer en el poema La Travesía:«...Vendrá otra larga travesía. /tendremos que preparar las alforjas/ sabiendo que más nunca volveremos por el mismo camino. /tendremos que afilar las herramientas, los colmillos, el corazón/sin que se seque el pozo de agua clara...» (p.111).

    Un tipo de reflexión profunda sobre el desarraigo, va tomando cuerpo; las pérdidas, el paraíso perdido.


    De Compañero paciente (2012) Quienes conozcan de la trayectoria del autor, sabrán también de su experiencia como profesional de la salud y terapeuta. En este libro además de tocarnos con su vivencia cercana, de la mano, con los pacientes, nos sorprende cuando está en medio de tal dureza. Lo que recuerda la visión de otro poeta y médico; el gran poeta venezolano Reynaldo Pérez Só, nos dice en el poema Se está por encima de la vida (1996): «Se está por encima de la vida/ de los demás/ uno es médico/ y se es soberbio/ no existe Dios/ en los ojos de nadie/ uno es médico ante todo...» (p.174).  Pero LEB se encamina hacia tratar el libro con el humor en medio del dolor y de esta manera desencadenar la reflexión ante la realidad que se vive en los recintos de salud, cosa nada fácil. Él dice en Compañero paciente: «...compañero paciente tiene un [Mata moscas]/ amarillo con el que nos perfuma cuando estamos desconectados mirando el cielo-raso./ Y reparte bolsas azules para el vómito/ que coloca al alcance de la mano/ cuando nos toca expulsar (arcada tras arcada) a nuestros pobres demonios...» (p.127).


    De Próxima estación (2019) Un libro inédito dónde el autor demuestra su evolución en el lenguaje, un universo de detalles acerca de las llegadas, punto de partida, planos que se evocan de la experiencia del viaje. Este libro pareciera tener una conexión con el libro Vendrá otra larga travesí(2006); sus hilos conductores, la preparación del viaje y el adiós, los nuevos senderos. Con este libro también toca dar cuenta de textos bien logrados, que se van desplegando como imágenes múltiples. Es el nuevo lugar, los nuevos cielos y lo que nos espera. Los textos han sido trabajados como en ese afinar-ajustar. Al respecto, leemos en el poema El tiempo muerto de los tránsitos: «...En los bancos de plaza./ En las salas de espera./ En las paradas obligatorias./ En los andenes que se demoran/ al compás de los bostezos./ No es una cabeza de ciervo colgada sobre una chimenea./ Ni un feto conservado en formol./ Ni el letargo al culminar la faena./ El tiempo muerto es un recinto blanco y frío donde/ estamos solos, pelando una naranja con las manos...» (p.139).

    Con este libro nos disponemos a tomar el tren, que nos lleve a la próxima estación...

    

    Pero en la parte final de esta antología, nos sorprenden dos ensayos:

    Perros Callejeros: Ensayo que indaga sobre la condición del perro de la calle, aquella paradoja de porqué se vive tan feliz como un can de la calle, y porqué han desaparecido tantos perros libres de nuestras avenidas y pueblos. Las razones aún no las sabemos.Este ensayo nos habla de las reflexiones del escritor acerca de este tema, que no está muy alejado de nuestra condición humana, y concluye: «...Una ciudad sin perros callejeros es una ciudad desalmada...» (p. 163).


    En torno al desnudo femenino: a partir de una obra del pintor francés Edgar Degas, se configura el segundo ensayo del libro, acerca de los orígenes del baño, las circunstancias que le rodean, el desnudo femenino y los espacios íntimos dónde se despliega el baño ritual, lo cual no fue siempre así. Es entonces que, con mucho tino, el autor nos pasea por una reseña acerca de los pormenores del asunto, el baño como espacio y el pintor francés Degas en su experiencia de pintar algunas escenas de mujeres al desnudo, en el recinto privado. Sin duda LEB sabe manejarse en varias aguas y estos ensayos son prueba de ello.

    Entonces concluimos, en este viaje, que Provisorio se maneja sobre procesos escriturales, una especie de ciclo en sus tiempos. Yacen en él, sabiduría, el cultivo del oficio que ha tenido el autor, una evolución de las formas, lo habitual, lo caótico, el deambular de los pacientes. Cada uno de sus libros como un símbolo emergen para la interpretación que cada lector quiera darle. Corro el riesgo de dar solo una mirada, no soy especialista, pero los símbolos son buenas señales para indicarnos el camino. Por otra parte, me parece que la música tiene que ver con estos textos y es que, están bien acoplados y no se pierden entre los diversos planteamientos. En la travesía de Luis Enrique Belmonte figura el viaje, ese estado provisorio. Me permito abordar ese sentir, recordando al poeta griego Constantino Cavafis, en un fragmento de su poema Ítaca (2008):


«...Siempre ten a Ítaca en tu mente;

llegar allí es tu meta; pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure mucho, mejor anclar cuando estés viejo.

Pleno con la experiencia del viaje no esperes la riqueza de Ítaca.

Ítaca te ha dado un bello viaje.

Sin ella nunca lo hubieras emprendido;

pero no tiene más que ofrecerte, y si la encuentras pobre, Ítaca no te defraudó.

Con la sabiduría ganada, con tanta experiencia, habrás comprendido lo que las ítacas significan...» (p.12).

 

    LEB es original en lo que escribe, sus palabras coordinadas, en balance con el camino andado por el autor, sus guerras, sus dudas. De Lubio Cardozo leí una vez, en Desde la torre de Segismundo (2007): «Estudiar todos los Poemarios de un trovador no resulta acaso una lectura de su biografía? ...» (p.45). Podemos percibir entonces, un Luis Enrique Belmonte que se configura como una de las voces más sobresalientes de la poesía contemporánea venezolana actual, por su trabajo continuo y el oficio cultivado, en constante movimiento. Pero como dije anteriormente es solo una mirada a los aspectos muy amplios que nos da este libro. Y partamos del kilómetro cero en esta lectura, aprecien Provisorio, la antología y saboreen su música. Tomo las palabras del autor, para finalizar, en Kilómetro cero: «El kilómetro cero no está en ninguna parte. Es el principio y el fin de toda travesía. Como el loco, se regodea/en movimientos concéntricos, dejándonos la ilusión óptica / de un punto fijo...» (p.140).


*«PROVISORIO» forma parte de la Colección de Poesía Plateado sobre plateado, de LP5 Editora. Son libros en físico (impresos por demanda) y electrónicos (Kindle, Tablet, Computador, Smartphone), están disponibles en la plataforma Amazon de cada país: (España, Alemania, Italia, Francia, Usa, Inglaterra, Holanda, Japón, Brasil, Canadá, México, Australia, India). En tapa blanda y electrónico. Provisorio tiene 168 páginas (libro electrónico) y también tiene versión impresa. La ciudad es Fox Island, WA, USA. El diseño y la portada está a cargo de Gladys Mendía. La foto del autor de niño es de su Álbum familiar; la contraportada de Lisbeth Salas.

 

Referencias:

Belmonte, L. (2020). Provisorio. Fox Island, WA, USA: LP5 Editora (Colección Plateado sobre plateado).

Cardozo, L. (2007). Desde la torre de Segismundo, ensayos sobre poesía y poetas caribeños. Caracas. Venezuela: Monte Ávila Editores (Estudios).

Cavafis, C. (2008). CAVAFIS. (traducción Cayetano Cantú). México.D.F.: Universidad Autónoma de México (Coordinación de difusión cultural, dirección de literatura).

Pérez, R. (2011). Aire Limpio (Antología poética). Caracas. Venezuela: Casa Nacional de las letras Andrés Bello (Voces de la casa).

Zambrano, M. (2005). Filosofía y Poesía. México.D.F: Fondo de Cultura Económica.

 
Pasajera la nube. Del fotobook de Norys Saavedra

 Luis Enrique Belmonte



Caracas, Venezuela, 1971. Poeta. Narrador. Médico Psiquiatra. Psicoterapeuta. Ha publicado: Cuando me da por caracol (Ediciones Mucuglifo, Mérida, 1997); Cuerpo bajo lámpara (Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, 1998); Inútil registro (Editorial Rialp, Madrid, 1999); Paso en falso (Ediciones Mucuglifo, Mérida, 2004); Salvar a los elefantes (Editorial Equinoccio-Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2006; Ediciones Emma Zunz, Buenos Aires, Argentina, 2015; Ediciones B, 2017); Pasadizo. Poesía reunida 1994-2006 (Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2009); Compañero paciente (Cooperativa Editorial Lugar Común, Caracas, 2012); y 40 consejos para un perro callejero (Utopía portátil, Caracas, 2018). Textos suyos aparecen en: Navegación de tres siglos, antología básica de la poesía venezolana 1826/2002 (Selección, presentación y notas de Joaquín Marta Sosa, Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2003); Poesía Contemporánea de Venezuela.

Sesenta poetas y un viajero enlutado (Selección y prólogo de Eugenio Montejo, Embajada de Venezuela en la República de Corea, Seúl, Corea del Sur, 2004); Una gravedad alegre. Antología de poesía hispanoamericana al siglo XXI (Selección y presentación de Armando Romero, Editorial Difácil, Valladolid, España, 2007); En-Obra.

Antología de poesía venezolana (Selección e introducción de Gina Saraceni, Editorial Equinoccio-Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2008); Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Selección, introducción y notas de Gustavo Guerrero, Editorial Pre-Textos, Valencia, España, 2010); Las palabras necesarias.

Muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX (Selección y prólogo de Arturo Gutiérrez Plaza, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2010); Exilios. Poesía

latinoamericana del siglo XX (Selección y presentación de Marina Gasparini, Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, Caracas, 2012); Canon abierto. Última poesía en español (Selección, prólogo y notas de Remedio Sánchez García y Anthony L. Geist, Visor, Madrid, España, 2015);

Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (Selección, prólogo y notas de A. López Ortega, M. Gomes y G. Saraceni, Editorial Pre-textos, Valencia, España, 2019). Premio de poesía Fernando Paz Castillo (1996, Centro de estudios latinoamericanos Rómulo Gallegos, Caracas, Venezuela). Premio Adonais de poesía (1998, Madrid, España). Premio de poesía de la VI bienal de literatura Mariano Picón Salas (2005, Mérida, Venezuela). Medalla internacional de poesía Vicente Gerbasi (2014, Caracas, Venezuela).