¿Quién teme las incógnitas?: la figura de la mujer en la poesía de Rosa Berbel

 

     El mundo es ancho y ajeno. Así sentenció Ciro Alegría. Yo no pretendo acercarme a esa nomenclatura para definir al mundo. Para mí, la noción que tengo sobre el mundo que me rodea sea, probablemente, un poco más egoísta: el mundo es un caos divino. Ante estas palabras, me considero a mí mismo como una especie de caos catártico que viaja entre lo innombrable y lo imperdonable. La vida es así, un vaivén de cosas conocidamente desconocidas. La muerte, imperdonable como siempre, sabe cómo y dónde encontrarte.

 

     ¿Se debe pedir perdón por formar parte de este universo no imaginado? Tal vez no. Es aquí donde la poesía de Rosa Berbel (Sevilla, 1997) se hace presente. Tuve el placer de toparme con los poemas de Brillantes y caóticas y no pude evitar preguntarme ¿Qué es la verdad para Rosa? Más allá de eso, qué implica tener la razón en un mundo donde, ciertamente, la razón se condiciona a los aspectos más necesarios de esta humanidad. Está la probabilidad de que yo no tenga la respuesta para ninguna de mis interrogantes, pero apuesto a que Rosa tiene un acercamiento más sincero: la feminidad, las formas de la identidad, el no – conocimiento de una normalidad y el tiempo. Tiempo… es una palabra traicionera. He requerido de un tiempopara poder aproximarme a la poesía de Rosa que, sin dudarlo, te deja un buen rato pensando, sintiendo y viviendo.

 

     John González: He tenido el placer de dejarme llevar una infatigable conjunción entre la palabra bella y caótica de tus poemas. Sin embargo, me resulta más bello y hermosamente caótico la forma en la que retratas a la figura femenina en tus versos. Sabemos que hay una lucha a la que nos enfrentamos diariamente. Puedo sentir en tus palabras esa lucha que nace desde lo intelectual y se proyecta en la acción. Para Rosa, ¿Qué significa ser mujer en estas olas de cambios sociales que, ciertamente, son necesarias?

 

     Rosa Berbel: En mi escritura, ser mujer significa estar dotada de una identidad política que contraviene violencias, jerarquías y afectos históricamente patriarcales. Me interesa como conciencia disidente, como ruptura de la normalidad y como reivindicación de la otredad. La identidad de la niña, en este sentido, me parecía enormemente productiva, porque la infancia está ya sujeta a todo este tipo de intemperies terroríficas y porque tiene un potencial emancipador nada desdeñable. La identidad de la niña se define siempre de forma opositiva, en contraste con otra cosa, y esto me parece realmente interesante a la hora de trazar afinidades, de emparentarnos políticamente con otras. 

 

     Por lo demás, no concibo el término mujer desde una unidad esencial o como una categoría natural. Cuando afirmamos sin pestañear que alguien es una mujer, o que nosotras mismas somos mujeres, pasamos por alto toda esta extraordinaria complejidad con la que se construye la conciencia de género, que se concreta en prácticas sociales muy perversas. Así que para mí la palabra mujer es un significante esquivo, una identidad parcial, que se transforma y cambia de significado constantemente.

 


     J. G: Hay varios versos que han quedado resonando en mi ser una vez que he terminado de leer el libro. Uno de ellos es el siguiente: La libertad está lejos: recuerdos de la infancia/películas que vimos hace años/algún plan de futuro con escasa exigencia. En este tiempo de incertidumbre moral, ¿Podemos hablar aún de la existencia de una libertad? De ser así, ¿Cómo describe tu poesía esa libertad?

 

     R. B: No me interesa la libertad como idea neoliberal. Si la libertad es algo en este tiempo no puede ser una virtud individual, ni un ejercicio desconectado de la responsabilidad o de la ética. La libertad neoliberal está llena de violencia, de represión y de precariedad. En el poema del que hablas, la posibilidad de la libertad tiene que ver con la posibilidad de la emancipación. Es una meta colectiva que alcanza su sentido en esa comunidad utópica que crean las mujeres en el hospital. Al final del poema, la libertad está un poco menos lejos porque las protagonistas han encontrado un camino para su afirmación. Muchas de las imágenes que proyectamos para el futuro (en la ficción, pero también en nuestro día a día) están atravesadas por la amenaza de la privación de libertad, por reforzamientos de las jerarquías, sobre todo para las más vulnerables, las subalternas. A mí me interesaba pensar en ese último poema en puntos de fuga o en vías para la resistencia que hicieran más accesible la emancipación.

 

      J. G: Algunas quieren irse, no aguantan más la duda/ni a esa niña que crece y crece y crece sin descanso. Para Rosa, ¿Qué significa crecer?

 

     R. B: En el libro, crecer implica racionalizar el tiempo y el espacio. Este es el comienzo de la muerte de la imaginación política y, en última instancia, también de la imaginación poética. Creo que a nivel colectivo tenemos que vehicular formas de conocimiento que no pierdan de vista lo que hacíamos en la infancia o las posibilidades que la infancia nos brindaba. Hay que cuestionar el realismo, fabular de otra manera, subvertir las relaciones con el cuerpo, con el entorno, con el lenguaje. Esto no implica idealizar la infancia, que como te decía antes está sujeta a contradicciones y violencias muy reales, pero sí no despreciar las aperturas que supone políticamente.

 

      J. G: En tus poemas puedo ver una oda hacia las figuras femeninas de tu vida, como lo son tu madre y tu hermana, quienes toman un rol protagónico en tus versos, a veces rudos, otras veces más sutiles y delicados. La mujer lleva consigo un universo íntimo, desconocido para todos aquellos que pretenden entender. Ciertamente, no dejo de preguntarme, ¿Cómo han influido las mujeres que rodean tu vida en el plano personal y poético? ¿Cómo se vive desde la poesía ese incógnito universo intimista?

 

     R. B: Siempre he tratado de desvincular mi poesía de lo biográfico, o al menos de hacer más oblicua esta relación. Pero creo que la ficción es también un modo de conocimiento muy situado, muy pasado por el cuerpo, y al final es difícil escapar de ciertos puntos de referencia personales. Diría que, de las mujeres de mi entorno, no únicamente de las de mi familia, he aprendido que existen lazos afectivos distintos a los patriarcales: atenciones que no pasan por la confrontación, la competitividad, la violencia o la verticalidad. No necesariamente se dan siempre entre mujeres o sólo entre mujeres, pero es una disidencia que he aprendido de las mujeres que conozco. En la práctica, es horriblemente difícil sentir al margen del sistema, pero supongo que imaginar la posibilidad de otros vínculos es ya una forma de crearlos. También he aprendido a ser más generosa, que es una virtud importante en la escritura y en la vida. Desde otro punto de vista, casi todo lo que sé y casi todo lo que escribo se lo debo a lecturas fundamentales de mujeres o a interacciones con mujeres.

 

     A la segunda pregunta, no tengo muy claro qué es la intimidad en este siglo o cómo separar el ámbito privado de la vida pública. Creo que la poesía encuentra camino precisamente en la abolición de ambas esferas. Pervierte la fractura.

 



      













. G
: Vuelves con lentitud a los catorce años. /Eres la que aprende que su cuerpo esconde mecanismos de defensa/que su cuerpo es una torre medieval que no se achanta ante los golpes de invasores. Sin duda, una de las imágenes más perfectas que he podido encontrar en tus poemas. De ser posible regresar a los catorce años, ¿cómo recorrerías nuevamente ese camino ya transitado?

 

     R. B: Me gustaría haber tenido menos miedo del futuro, haber confiado más en el camino. También habría querido plantarme con más vehemencia ante algunas asimetrías. Y evitar reproducirlas yo misma.

      De todas formas, claro que es posible regresar a los catorce años: eso es lo que hace este poema.

 

     Al terminar de leer a Rosa, seco una lágrima, abro la ventana y veo lo que hay fuera de ella: una señora camina con las bolsas de su compra en las manos. Desde la distancia no distingo su rostro más allá de su fineza y su centro: frente en alto, vista hacia adelante, paso firme. Ella es un fragmento muy grande de una historia pequeña. Ahora, puedo entender la poesía de Rosa como la personificación misma de la libertad que está en poder vivir de todas las formas que la vida te permita vivir. La libertad implica seguridad. La libertad debe conocer de derechos y de deberes, de aciertos y justicias, la libertad debe conocer el mundo. El mundo debe saber de ella.Ayer me vi corriendo detrás de un tiempo que no conoceré. Hoy, después de conocer a Rosa, he decidido detenerme y dejar que sea el tiempo mismo quien vaya tras de mí. A ver con qué se consigue cuando me encuentre.

 


Rosa Berbel 



Sevilla, España, 1997. Es graduada en Literaturas Comparadas y máster en Estudios Literarios y Teatrales por la Universidad de Granada, ciudad en la que reside desde hace cinco años. Su primer libro, Las niñas siempre dicen la verdad (Hiperión, 2018), fue galardonado con el XXI Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal y fue posteriormente merecedor del Premio Andalucía de la Crítica a la mejor Ópera Prima y del premio Ojo Crítico de Poesía 2019 de RNE. Fue ganadora de la IV Edición del Certamen Ucopoética, convocado por la Universidad de Córdoba. Ha aparecido en diversas antologías de poesía joven como La pirotecnia peligrosa. 11 poetas sevillanos para el siglo XXI (Ediciones en Huida, 2015), Supernova (Bandaàparte Ediciones, 2016) o Algo se ha movido (Esdrújula Ediciones, 2018). Coordinó junto a Pablo Romero la antología digital de poesía hispano-argentina Orillas y ha colaborado en la selección de la muestra de poesía joven Piel fina (Maremágnum, 2019). Ha prologado la reedición de Poeta en Nueva York de Federico García Lorca (Austral, 2020).