El rumor de las cosas: la poesía visual de Álex Monfort Fradera

 

John González

 

     Levantarse, lavarse los dientes, tomar una ducha, desayunar, dar un beso de buenos días, preparar un té, tomar la computadora y comenzar a escribir, terminar, salir, hacer compras, volver, cocinar, bromear, almorzar, terminar, continuar hasta volver a terminar, dar un beso de buenas noches, dormir, soñar tal vez. La vida puede ser bastante sencilla si ignoramos aspectos propios de otras ciencias. Detenernos a pensar en la filosofía que defina mi transitar en este plano existencial y las razones para agradecer, suplicar y dedicar mi día a día a una deidad específica; o detenerme a meditar sobre el universo celular que hace que el latido de mi corazón tenga un sentido, biológicamente hablando, sigue siendo relativo si consideramos lo aprendido desde mi infancia hasta este preciso momento en que escribo estas palabras. Más allá de intentar comprender el cómo y el por qué de mí mismo, se puede encontrar valor en la inferencia misma del sonido de las cosas cuando caen o cuando callan. No soy un experto en esto de vivir (probablemente, mi experiencia en cuanto a la muerte, llegado el momento, sea un poco más observable), pero la misma vida conocida y desconocida a la vez, me ha llevado por un camino donde he comprendido que, aún en la más absoluta inocencia de los objetos, sigue abriéndose paso la concepción misma del acto de existir, si es que puede haber alguna similitud semántica en ambas palabras: vivir y existir. Y el placer de tal acto se hace presente cuando debo enfrentarme a la obra de Àlex Monfort (Barcelona, 1965), donde la presencia absoluta y casi vital de los objetos cotidianos, se configuran en un imaginario absoluto donde todos podemos participar. Algunos llamarán a esta noción de integración entre uno y el universo un acto de divinidad. Otros, dirán que es una necesidad revolucionaria. Yo, un poco más humano, lo llamo un acto poético. Por suerte, existen personas como Àlex para explicarlo.

 

***

 


    Tu trabajo visual es un viaje. Como espectador, he sentido un vaivén de experimentaciones que se viven en momentos únicos y específicos de la vida: la experiencia de leer un libro por primera vez, el poder conocer el mar de la infancia, el olor a pintura fresca en un cuadro… La poesía es exactamente igual, pero con un espacio muy personal para la meditación de los sentidos. Para ti, ¿cómo fue ese proceso de descubrimiento poético? Y más importante aún, ¿cómo fue el proceso de llevarlo a cabo por primera vez?

 

    En general lo poético y -en concreto- la poesía que yo hago parte de la sugestión. Establecer una mirada abierta para que el lector pueda apropiársela y la filtre en relación a su interpretación de la vida, son espacios abiertos que permiten viajar, sin prisas, emocional y vivencialmente. Puntos de partida que insinúan, que inspiran, e inspirar es coger aire, llenarse….

 

    Yo empecé haciendo poesía escrita para poder explicar mis emociones, sentimientos, miradas… Poco a poco, en una necesidad de concretar el discurso, sin perder contenido, empecé a hacer poemas cortos, a hacer caligramasy, sin darme cuenta, incorporé las imágenes en mis poemas, como un elemento más. Un día, me di cuenta que habían desaparecido las palabras y las imágenes me permitían explicar, proponer de forma instantánea una idea, una sensación que llegaba como un impacto al lector. En un primer momento muchas de mis obras expresaban, utilizando un lenguaje poético, ideas más o menos concretas, marcando explícitamente el concepto que quería mostrar. Con el tiempo he ido evolucionando más hacia la sugerencia, la conceptualización de emociones o sensaciones.

 

    Actualmente, me siento muy cómodo construyendo objetos físicos que luego fotografío para mostrar a las personas lectoras, y aunque sean objetos, sigo utilizando el lenguaje y las figuras retóricas propias de la poesía escrita(la metáfora, la antítesis, la ironía, las asociaciones, la hipérbole, la paradoja…)                 

 


    Tuve el placer de cruzarme con tu obra de forma deliciosamente accidental. Hay elementos en tu poesía visual que tienen una connotación muy doméstica, cotidiana y familiar. Al verla, pienso en Octavio Paz cuando se preguntaba si no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida. En tu caso, ¿cómo ve la vida un poeta visual?

 

    Para mí, la poesía visual es imaginar otras formas de ver el mundo que nos rodea. Poder desprenderme de tantas “coherencias” asumidas, de tantas “sabidurías” compartidas y, por un instante, poder mirarlas de otra manera… Poder redefinir los objetos, sentirlos distinto y asignarles, quizás, una nueva voz… Dejarme sorprender. Lo que yo hago no deja de ser una metáfora de mi manera de estar en el mundo, poder parar y observar lo que me rodea desde otra perspectiva, no solo ver las cosas sino mirarlas, simplemente observarlas y establecer un diálogo con ellas, escuchar y escucharse, jugar, desprenderme de lo aprendido ingenuamente para darme una oportunidad a la reinterpretación, a la relativización de lo creído, de lo aparentemente sabido. Vivimos en un mundo que tiene mucha prisa, en el que la filosofía y la contemplación van perdiendo terreno.

 

    La utilización de objetos cotidianos me permite establecer un canal de proximidad con el público que fácilmente reconoce lo que está viendo, pero al sacar estos objetos de su contexto habitual, otorgándoles otro significado, intento, a partir de la sorpresa inicial, abrir un nuevo punto de partida para la reflexión. Por suerte la curiosidad aún forma parte esencial de la especie humana.

    El reconocimiento de los objetos por parte de las personas “lectoras” permite poder acercarse a mis obras desde una confianza hacia lo aparentemente identificado como próximo, para descubrir que, siendo lo conocido es, a su vez una cosa distinta. Para ello se necesita de un público activo y con ganas de establecer este diálogo abierto con las imágenes que presento, donde la estética, la crítica y la ironía que se descubren al acercarse, son la esencia.

 


    Hay todo un universo detrás de cada obra. El poeta, en este sentido, cumple la función de ser el constructor de cada nuevo mundo. ¿Cuál es la metodología que empleas para llegar al poema detrás del objeto?

 

    Trabajo muy intuitivamente para expresar mi yo interior y la manera de ver el mundo, igual que un o una escritora, pintora, cantante…, mi formación académica no tiene nada que ver con la poesía.

 

    Una vez alguien me explicó que en el arte se puede ser cazador, buscando una “pieza” para representar un concepto previo, o pescador, esperando que sea la “pieza” la se acerque y se deje pescar. Yo soy las dos cosas, a veces dejo que sean los propios objetos los que me digan hacia dónde quieren ir y, a veces, el concepto es lo que tengo claro y busco la manera de expresarlo. Hay ocasiones en las que empiezo una obra teniendo una idea muy clara de lo que quiero hacer, pero a medida que voy construyendo el objeto para luego hacer la fotografía, esta toma su propio camino y el resultado acaba siendo otro. Lo que sí me pasa es que es la propia obra la que me dice que ya está acabada, hay piezas que salen del tirón y una voz interior te avisa de cuando ya está terminada, hay otras piezas que se están días, meses e incluso años en los que no acabas de estar satisfecho del resultado (y esa voz interior no te habla) y de repente, un día, te acercas ella y le das aquello que necesitaba para cerrar el proceso.

 

    Para mí, y sin que sea un concepto peyorativo, es un juego con los objetos y los conceptos, que me permite reflexionarme y crecer.

 


    Citando a Fernando Pessoa cuando dice “ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar sólo”, ¿sientes que en cada una de tus obras hay un espacio íntimo donde puedas encontrarte a ti mismo?

 

    Cuando estoy en el proceso creativo es cuando estoy plenamente. Cuando de forma no consciente estoy en contacto con el “aquí y ahora” y conectado conmigo y con el mundo. Paradójicamente, en el momento que tomas consciencia de esta situación, se desvanece…

    Durante el proceso creativo pierdes contacto con lo que te rodea, puedes estar horas extasiado y concentrado en lo concreto, sin ninguna otra necesidad que la de estar conectado, es un momento de plenitud, de ser y estar.

 

 


    Tomando como base la cotidianidad con la que tu obra se muestra, ¿sientes que tu poesía visual puede tomar un aire denunciante o protestante si se presenta la oportunidad?

 

    Para mí el arte ha de ser denuncia, ha de implicar un posicionamiento ante el mundo que nos rodea, más allá de la estética.

 

    Ha habido épocas (sobre todo al principio de mi contacto con la poesía visual), que mis piezas eran explícitamente imágenes reivindicativas en relación a lo social (mi trabajo está íntimamente ligado a lo social). Reivindicar -con la poesía y la belleza- las desigualdades, las incoherencias de la sociedad en la que vivimos, nuestra insaciabilidad hacia el equilibrio natural…. era y es importante para expresar y mostrar lo que siento de forma directa. Actualmente, pero, aún que sigo haciendo piezas con este matiz de queja explícita, me gusta reivindicar la estéticay la belleza como algo poético, más allá de la voracidad del tiempo. Reivindicar la necesidad de la contemplación, la reflexión, la introspección y el valor de la belleza en si misma (no como objeto de cotización). En este sentido, me gusta mucho trabajar con objetos materiales e introducirlos en nuestra cotidianidad estética.Sintetizar ideas y mezclarlas; encontrarlas, contarlas, y jugar con ellas, renombrarlas...Saborear la duda, evidenciar la evidencia, corretear entre la ironía y la trascendencia… Sugerir un punto de partida en este mundo que corre tan deprisa, para parar, reflexionar y reflexionarme en lo aprendido, en lo sabido ingenuamente. Reír y reírme de mí mismo, “descrecer” lo crecido y lo creído, dejar de ser para reencontrarme nuevamente. Esto no deja de ser un acto reivindicativo.

 

***

 


    Dejo de escribir. En ese instante, Àlex sabe que ha dicho todo lo que tú y yo sabemos, lector: la poesía está en todas partes. Y no, no se trata de llevar a puerto el típico cliché de las teorías literarias al respecto. Tampoco se trata de hacernos cómplices de lo infinito, porque el infinito no nos necesita, sino al contrario, nosotros necesitamos de la infinidad de las cosas y del alma misma que hay dentro de ellas. Tal vez allí nosotros podamos encontrarnos y, de alguna manera, aprender a vivir siendo justamente eso que queremos y no podemos. Cada uno de nosotros es un poeta, solo nos falta ver la poesía que hay en las cosas que nos rodea. Lector, tenemos el camino abierto para aprender de Àlex. Yo, por el momento, daré un paseo y veré qué magia en las calles. Hace frío, llevaré un abrigo y volveré en un rato, con ganas de seguir viviendo.

 

 Galería de Álex Monfort Fradera:






























Álex Monfort Fradera 



(Barcelona, 1965). Pedagogo Social. Empieza el año 2008 con la poesía discursiva, en la búsqueda hacia la concreción del mensaje. Desde entonces ha expuesto individualmente en Barcelona, Sant Cugat, Rubí, Terrassa, Olot, Manlleu y Menorca; y de forma colectiva en Terrassa en el marco de la dinamización del proyecto "Laboratorio Creativo". También ha expuesto en Brasil -en la primera exposición de poesía visual de Mato Grosso do Sul- con el lema de la reflexión sobre la utilización y el futuro del agua-,en Euskadi en el marco del concurso de poesía visual Juan Carlos Eguillor, y en la Diputación de Badajoz en el concurso internacional de poesía experimental. Su obra visual presenta un punto de partida para la reflexión sobre nosotros y nuestro entorno, donde la utilización de imágenesposibilita ofrecer un mensaje conciso, directo e impactante. La utilización de objetos cotidianos permite establecer un canal de proximidad con el público que fácilmente reconoce lo que está viendo, pero al sacar estos objetos de su contexto habitual, otorgándoles otro significado, intenta abrir un nuevo punto de partida para la reflexión. Para ello, se necesita de un público activo y con ganas de establecer este diálogo abierto con las imágenes que presenta, donde la estética, la crítica y la ironía son la esencia. Espectadores, pero sensibles también a la belleza por sí misma, a lo poético como valor inherente de las cosas. La poesía visual es imaginar otras formas de ver el mundo que nos rodea. Poder desprenderse de tantas coherencias asumidas, de tantas sabidurías compartidas y, por un instante, poder mirarlas de otra manera. Redefinir los objetos, sentirlos distinto y asignarles una nueva voz.