A Guillermo García Campos


    Frabrizio Monaldi salió en la mañana como de costumbre al solar de su casa para darle amapuches de fidelidad y amistad a su Caimana, cuando en el acto recibió una dentellada en la nuca que le provocó una hemorragia mortal.

    Era Noviembre. Su cuerpo lo encontrarón agónico. De inmediato lo trasladron al hospital donde finalmente murió. Fue degollado por su mascota, que había criado y protejido durante toda una vida.


    Fabrizio Monaldi había nacido en Brecia, Italia, en 1897. Llegó a Venezuela a la edad de 15 años y vino a San Fernado de Apure de la mano de Donatello Bari, su paisano. Ambos instalaron una joyería que, finalmente, Fabrizio se quedó con ella.

    Aparte del trabajo como joyero, tambíén demostró gran habilidad como “curandero”. Trataba con lavativas naturales las hemorroides, preparaba emplastos para hongos y potingues para la calvicie. Nunca obtuvo licencia sanitaria para la fabricación en laboratorio de sus inquietudes medicinales.


    También se dedicó al negocio de las plumas de garza, pieles de babas y cocodrilos. Lo de la devoción por los cocodrilos y lagartos le vino desde muy niño. Su abuelita dedicaba el tiempo en la elaboración de animalitos de telas cuya fauna era tan diversa, de eso dependía el sustento de la familia.

    Frabrizio tenía una colección de cocodrilos de telas que le confecionaba la abuelita. Un tesoro digno de resguardo sentimental.


    En sus andanzas de cacería de “babos” y cocodrilos por el río Capanaparo se topó con una caimana de un mes de nacida. Era de color negro. La confundió con un macho y le puso como nombre “El Negro”. Pasados los días comprobó que era hembra, por lo que sólo cambio la o por la a.


    La Negra” solía dormir en el pecho de Fabrizio y la adoptó como si fuera una hija. Una empatia entre animal y hombre que a todos sorprendía. Su dieta diaria eran tres kilos de pechugas de pollo y como postre pescado de mar.


    Con el tiempo Fabrizio se casó con doña Teotiste Alvarado con quien vivió hasta los últimos días de su vida. Nunca procrearon hijos. Pero si adoptaron doce varones y una hembra, quienes junto a “La Negra” convivían de forma pacífica y sin ningún percance, hasta aquel día fatídico para Fabrizio.


    El negocio de la joyería le dió grandes dividendos. Fabrizio siempre con su ingenio creativo hacía diseños exclusivos con la figura de la Caimana: zarcillos, diges y sortijas tenían la figura de “La Negra”.

    Los turistas siempre visitaban la casa de Fabrizio para conocerla y tomarse fotos con el reptil domesticado. Frabrizio fue más allá de lo previsible y enchapó de oro 18 kilates los colmillos principales de “La Negra”. Era, naturalmente, el principal atractivo cuando abría las fauces. El itálico diariamente los limpiaba para que estuvieran relucientes.


    Un Día los niños jugaban a la pelota de goma en el patio y por un descuido la pelota fue a parar en la boca de “La Negra”. La cerró al igual que los ojos, permaneció así por un largo rato, mientras los niños atónitos esperaban que se la tragara. No fue así. La caimana abrió la boca y expulsó la pelota sin rastros de magulladuras.


    Cuando ingresaron el ataúd con los restos de Fabrizio Monaldi a la casa, la caimana presintíó que algo malo había ocurrido con su amo. Pasó al salón donde estaba el velatorio. Alguien sugirió que colocaran el féretro en el piso. Quería despedirse. Así lo hicieron. “La Negra” se montó de un salto sobre el mismo. Todos los presentes rompieron en sollozos. La caimana permaneció así por varios minutos. Se bajó y salió rauda del velatorio.


    Se comentó entre los asistentes que la caimana reaccionó contra Fabrizio violentamente porque estaba en celo. Nunca se había apareado. Pasó cuatro meses sin comer.


    La caimana no volvió a entrar en el salón donde habían velado los restos de su amo Fabrizio. Lo que se sabe fue que a la “Negra” la compró Aversa Blacamán, un fakir italo-indú que decía que era capaz de hipnotizar cocodrilos y hombres por igual. Estaba de recorrida por Caracas. Se la llevó en una jaula. La caimana se despidíó como siempre con sus fauces abiertas mostrando sus colmillos de oro relucientes. Nunca más se supo de ella.


Alexis Reverón



Venezuela, Carúpano, 1959. Escritor, trabajador cultural, (jubilado) por el gobierno del estado Sucre, en el campo del teatro y las artes plásticas. Es director de teatro y dirigió por 10 años la Escuela de Artes Visuales Tito Salas de Carúpano. Ha participado en exposiciones colectivas e individuales desde principios de los 90. Guionista y adaptador para textos teatrales, tiene inéditos varios cuentos y poemas.


Fotografía de portada: Sebastián Raña (Argentina)