Como un cuento de Chéjov

 

    Con el ocaso del día suelo ver parejas caminar en el lugar donde vivo. Parejas de esposos, amigas o amigos, de vecinos... Generalmente conversan o intercambian impresiones mientras se ejercitan.

    Esto era bastante común antes de la pandemia, con la llegada del confinamiento mundial ese hábito se incrementó. De éstas hay una pareja que siempre me llamó la atención; solía verla, incluso, mucho antes de que llegara la mortífera enfermedad.

    No parecían esposos, creo que tampoco eran vecinos o amigos: parecían más bien madre e hijo. Él era un hombre de 40 o 50 años de edad; ella, una mujer de 70 años, probablemente más. Pero él tampoco era un hombre común. Era muy blanco, alto y delgado, pero con abdomen prominente. Diría que era un ser con una condición especial. De caminar parsimonioso, siempre iba acompañado de ella, tomándolo por el brazo como a un niño. No hablaban, pero parecían comunicarse; por lo menos ella parecía respetar el lugar donde moraba su mundo.

    Me imaginaba toda una vida de sacrificios de aquella mujer, entregada a la de su hijo de especial condición humana y me asombraba. Me gustaba ver aquella pareja en las mañanas, cuando salía a trabajar con los primeros rayos de sol. Me parecían personajes de cuentos, de esos grandes escritores de la literatura universal. Imaginaba la historia que había detrás de aquella pareja, seguramente daría para un cuento de Chejóv o una novela de Kafka, quizás...

    Aquella pareja ya se me había olvidado hasta que una de estas mañanas, más de un año después de la pandemia, lo volví a ver a él. Pero ya no iba acompañado de la madre, iba de los brazos de otra mujer. Era más joven que él, muy parecida a la otra señora, pero más joven. Imaginé que era su hermana. Lo llevaba con el mismo cariño, pero con más cautela, como si fuera la primera vez que lo sacara a caminar ¿Qué había pasado con la madre? ¿Se la habría llevado también la pandemia o seguía confinada?

    ¿Cómo sería ahora la vida de aquel ser especial? ¿Qué pasará ahora que su madre paciente, amorosa y dedicada parecía ya no estar? Su hermana tendría la misma paciencia y tiempo para atenderlo...

    Éstas y otras interrogantes me las hacía a medida que pasaban al lado de ellos otras parejas de esposos o de novios, de vecinos, amigos, todos intercambiando pareceres de la vida.


Félix Gutiérrez



Venezuela. Periodista, cronista, locutor y editor. Tiene una maestría en Ciencias Políticas en la Universidad Simón Bolívar (USB) de Caracas. Autor de libros de crónicas urbanas, redactor de medios impresos y digitales, conductor de programas de radio. Es Premio Nacional de Periodismo Adela Abbo Calvani en Venezuela (1994), también tiene premios municipales y estadales de periodismo. Director de Contra Viento y Marea Ediciones y coordinador del Laboratorio Permanente de Lectura y Escritura de Microrrelatos Zuaas. Es un amante de la escritura, de la palabra y de los libros.


Fotografía de portada: Sebastián Raña (Argentina)