TOCANDO A LA VENTANA DE MARÍA ALEJANDRA

[A propósito de “En defensa propia” de María Alejandra Rendón]

José Carlos De Nóbrega


    El año pasado, había compuesto un primer libro de poesía [un coplario, para más señas] en homenaje al paladín nicaragüense Abelardo Cuadra, legionario del Caribe, quien contrapunteaba con el poeta Pablo Antonio Cuadra sobre la épica desmitologizada de la lucha de Sandino. Fue un libro inesperado pero placentero en mi obra literaria.

    Tuve la osadía de someterlo al concurso Stefania Mosca 2019, intentando ganar especialmente su publicación. Si bien no lo logré, me satisfizo que María Alejandra Rendón, mi preciosísima y bien amada amiga, lo obtuviera en buena y afortunada lid para los que nos preciamos de ser sus lectores [y comentaristas].Valgan estas líneas para argumentar mi parabién.

    “En defensa propia” es un conjunto poético del Decir que confirma la singularidad y calidad de su voz en progresión de nuestra poeta. Forma parte de mi canon elástico y lúdico que ella comparte con la narradora Sol Linares, Ana Enriqueta Terán, la polígrafa Laura Antillano y mis también muy queridas Susan Sontag y Clarce Lispector, entre otros.

    El poemario está estructurado en cuatro bloques asociados a la familia, a la memoria y a la centrífuga que toca la relación con el mundo y el oficio poético: Procedencias, Acreencias, Comparecencias y Sentencias. La intención además del registro del proceso vital y de aprendizaje de ser mujer, redunda en una musicalidad envuelta en la simplicidad de lo cotidiano e íntimo.

    Nos complació el Homenaje al matriarcado en clave de crónica personal. Pues este salmista compulsivo en prosa y copla, se crió también en esa cálida matriz substanciosa. Tenemos la Abuela como sujeto fundacional de la familia. Su construcción mítica e íntima ronda el sabor nutricio de una crónica de costumbres muy latinoamericana.

     Es Fecundidad constructora de la nación que oscila entre el desamparo y la utopía que nos redima a todos.Aquí se refiere a la primera María, la madre de las madres.

“Sobre sus manos levantó un país
al margen de la burocracia
nueve partos con su mismo rostro

criados con fe y caldo de gallina”.

    El suicidio de la abuela Ramona es acto de habla que dice mucho de la mezquindad del mundo. Sin embargo, excediendo la absurda institucionalidad religiosa, patriarcal y misógina, dispensa un extraño amor que nos retrotrae una comunidad al amparo de la Catacumba. “En su agonía / miraba piadosa el reino de la muerte / pedía perdón /en nombre de todos sus verdugos”.

    “Dicen” supone un proceso de perdón y tolerancia al primer patriarca, ello en la inmersión del habla coloquial íntima. A tales fines, se vale de una traducción liberadora y conciliadora del Padre Nuestro, depurada de culpa y, por supuesto, de manipulación propinada por el machismo familiar. “De vez en cuando una vela / Pa’ alumbrar sus almas (dicen) / vuelvan con el santo y seña / y no nos duelan / pa’ que el guarapo sea dulce y el pan de la memoria / no nos falte”.

    “Comienzos” desarrolla una poética del exilio o el desplazamiento campesino por vía de una crónica que refunde la nueva tierra. Terredad no exenta de dolor e incertidumbre. No pareciera vislumbrarse el retorno físico al origen. Sólo que el punto de partida coexiste con el de la llegada, con un sabor intemporal a desarraigo.

    “Huellas” construye al padre a través del diálogo cotidiano y asombroso con los libros. Sujeto y objeto intercambian corporeidad en presente novelado en verso, hasta el punto de compartir una siesta con ensoñaciones plácidas. La mirada, eso sí, no es compasiva, pues destila admiración bañada en oro afectuosísimo.


“Le observo desde un extremo de la mesa

como hace tanto tiempo         

  el rostro zambo

encogido en hombros bajo un manto de insomnio y grasa de taller

la espalda se le ha ido curvando lentamente

como sucede a esos grandes horcones

 que sostienen una casa”.


    La religiosidad popular se traduce en un muy transparente misticismo poético. De modo que la muerte no sea asecho sino convivencia con el Otro, el que se fue. Hay una tonadita rulfiana que, en este caso, no abunda en traiciones políticas, sino en complicidades de los afectos entre vivos y muertos. Lo comparto desde mi viudez reciente y la orfandad de madre con mayoría de edad.


“En el pueblo los muertos recogen los pasos

la noche del último rezo

                   las puertas se abren de par en par

                   mientras se enciende una vela

                   que el muerto apaga antes de marcharse”


    “Río” entraña la apropiación acuática renovadora de la transubstanciación de la carne desgastada de la vejez en redención de la memoria y el Amor filial, tributada por la voz de la niña convertida en susurro de la mujer. No es una estética rebuscada de la fealdad, sino vindicación de la belleza en transparente Decir. “En sus ojos puede verse el río / que sus venas / apenas soportan”.

    Más que poesía minimalista, el habla se forja una arquitectura posible de autorrealización interior en la memoria y la recreación poética y significativa del mundo. El luto no es motivo de caída luctuosa ni de gestualidad hueca. Por el contrario, se configura como ritual íntimo que reacomoda el espacio y el tiempo que propicien edificación libre del destino propio con los Otros.

    La oración no decae en un formalismo que aliene en culpabilidad inducida. Se trata de un diálogo trascendente, empero silencioso, que va de matriz a matriz en la sazón vitalista de la fecundidad.

    “Noche” es uno de los textos pivotes más conmovedores del poemario. No se trata de justificaciones ilusorias: En defensa propia no abunda en extremismo feminista, sino en la configuración emotiva de una posición de vida que implica el aliño de lo paradójico, lo contingente y lo contradictorio de la existencia.

Homenajear a la madre no da pie a lo arquetipal, ni tampoco al lugar común. El ejercicio de una biografía que la retrotraiga al aquí y el ahora, delata una reafirmación del Yo como hija, amiga en la más inmediata camaradería y madre en proceso de aprendizaje integrador.

    He aquí una recreación sentida afín al género plástico de la Piedad, que embellece este diálogo intenso con la Madre desprovista de metaforización o simbología artificiales. Por ese estremecimiento que ambas nos obsequian [madre e hija], citamos el poema completo:


“Mi madre padecía un insomnio que no logró curar ninguna píldora

se resignó a la vigilia amargamente

leía mientras fumaba        

 mordía las uñas

deambulaba por cuartos y pasillos

con abulia de un felino enfermo

 

Antes del amanecer

el café desabrido yacía enfriándose

oscuro

como si el agua hubiese colado

el interior de la noche”.


    “Saberes” y “Usted” redunda en la pedagogía y la ciencia de llevar una casa. Como se sabe y se pretende ignorar en los regímenes pro-patriarcales, los oficios del hogar y la crianza de los hijos, más que mero trabajo u ocupación funcional, constituyen un factor primordial en las relaciones familiares de poder, sean verticales u horizontales. La episteme íntima informal se hace liberadora o dominante por vía del habla. La sabiduría desde siempre ha implicado la vinculación de lo culto con lo popular. El Amor hace la diferencia, claro está, para sortear las dificultades implícitas en tan puntual empresa del corazón.

    La luna nueva significa, entre múltiples lecturas, feminidad en un estado creativo de tensión. Por supuesto, la Poesía es una sola, fundada en la complementación de los géneros y los opuestos. Así se posibilita el camino hacia la libertad que aborte la sumisión de las unas respecto a los otros y viceversa. Eros pasaría a ser factor libertario esencial.

    En el Bestiario, la tortuga no sólo vence a Aquiles, sino encarna una fuerza femenina sobrenatural, primigenia y seductora. Su lento andar involucra pulsión por la filosofía y la poesía que, según Borges, dignifica la lengua múltiple de la Humanidad que edificaal punto el Gran Mural [como el del mito indígena de Amalivaca] en la belleza de su mestizaje.

    “Atrapasueños” es una breve y amorosa canción de cuna como la música de nuestro himno nacional, cuya letra reescriben las madres y las abuelas con solicitud enternecida y emancipadora. La Patria se asimila como Matria de pechos generosos y fecundos que arrulla al crío al compás del quitiplás quitiplás.

    “Creación” se nos presenta como ejercicio de ars poética ajeno a la profilaxia del espíritu y el oficio: La voz poética auténtica vence la tentación de ornamentar la presunta fealdad del mundo y, peor todavía, falsificar o distraer las cosas maravillosas que ocurren alrededor. “Espacio” es un texto elegíaco que en su bella e inquietante construcción, no amerita de efectismo melodramático alguno a excepción de la poética de Chaplin.

    “Éxodo” es una agnóstica transfiguración de las ensoñaciones piadosas inútiles, los estigmas impostados por el fariseísmo y, eso sí, las indulgencias que no dispensan las miserias de los poderosos ni proveen la confortabilidad de espurios Paraísos aterciopelados. 

“Los gusanos devoran el cielo / con la misma fe                   para que nadie nos encuentre”.


    “Ubre”, en este caso, no se refiere a las ubres agotadas de leche civil de las que hablaba Pocaterra. El poema fue saboreado por nuestra boca lectora y lúdica en virtud de su excelencia e inteligencia en amor desmedido que sacude el despropósito del mundo. Su erotismo se traduce en pulsión vitalísima que nos arranca del Hades. Posee una encantadora cadencia y embriagadora melodía ligadas al acto del amamantamiento que nos ata a la terredad generosa. María da sus pechos a un pequeño Cristo llamado Emiliano. Es una de nuestras experiencias poéticas más tranquilizadoras y placenteras, la cual agradecemos conmovidos e imbuidos en un estado de Gracia reparador.

    “Mujer que cae” no es un manifiesto feminista extremo. Para nuestra gracia y regocijo, resume el devenir histórico de la explotación femenina que trae consigo su anti-virus libertario. Nos suena a los himnos arrebatadores [en esta tierra, no en mundos falsos de ultratumba] que fundan espacios libres a compartir con el Otro. Desde la Marsellesa antípoda del colonialismofacha, la Novena de Beethoven, la Internacional,hasta  “Grandola Vila Morena” de fusiles cargados con claveles que liberan a Portugal, Angola y Mozambique.


“nos haremos dueñas del vacío
y caeremos
ésta vez sí
por nuestro propio peso
como la lluvia
desde lo más alto de un cielo sin Dios y sin verdugos”.


    "Pañuelos” es otro texto de las mujeres combativas como las Abuelas de la Plaza de Mayo, los versos mordientes de la chilena Gabriela Mistral o el arrojo de las griegas en las comedias como “Lisistrata” de Aristófanes. Se respira aquí la fluencia de Lydda Franco Farías de tanto conversar con ella. El desconcierto que el poema dispensa en lo rebeldepara triturar los odiosos términos ‘deber ser’ y ‘políticamente correcto’, suma asociaciones en su música atrevida y, si se quiere, anarco-festiva.        


 “Me gustan tanto las mujeres que alzan pañuelos o los trenzan a su testarudez

De calle en calle
de mujer en mujer
todos los pañuelos 
son del mismo dolor”.


    El panfleto político no es posible en la loca de la casa que es la Poesía pura [no purista, ni pedagógica, mucho menos aleccionadora]. La reivindicación no es un inventario estéril de rogativas, sino la realización posible y real de las más bellas Utopías.

    “Sentencias” se refiere al juego en el lenguaje poético y no a pontificar desde el Lapidario el cielo y el infierno de este valle ruidoso, las más de las veces ininteligible. El texto breve nos retrotrae otras muestras del género meta-poético, el humor y el descaro vital de Juan Calzadilla, Gustavo Pereira y Gómez de la Serna.

    El aforismo como el de “Dictum” nos permite fluir entre ambos ámbitos, ubicados en el aquí y el ahora, para descubrirnos a nosotros mismos en el oficio díscolo de la escritura.

No juegues con fuego
puedes quemarte

se me dijo
No insistí


Desde entonces juego con palabras
todo lo que compruebo ser
es quemadura.


    Hace años en una Feria del libro, cuando María Alejandra había publicado su primer libro y leía al auditorio sus poemas iniciales, la periodista y escritora Marisol Pradas me había dicho que le provocaba entrevistarla después de oírla. Sólo que los organizadores se la habían llevado a entrevistar a un poeta argentino invitado, que parecía más bien un circunspecto baterista de la banda de Charly García.

    Marisol estaría contenta de que su intuición poética ha sido confirmada hoy con esta joya simpática, solidaria y densa que engloba a hacedora y hechura. Por mi parte, esta nota compulsiva va completando otra visita más a esta estupenda poeta de las nuestras.

    En Valencia de San Desiderio, domingo 26 de julio de 2020, un día después del cumpleaños de mi madre Caracas, la de Armas Alfonzo, Enrique Bernardo Núñez y los hermanos Nazoa, Aquiles y Aníbal [alias Matías Carrasco].


José Carlos de Nóbrega



 Venezuela, Caracas (1964). Ensayista, narrador, traductor y poeta. Entre sus libros tenemos los de ensayo Textos de la Prisa (1996), Derivando a Valencia a la deriva (2007) y Salmos Compulsivos (2011). El de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos (2013) y los de traducción en poesía Las imaginaciones / El soldado raso de Lêdo Ivo (2014) y la novela La Pasión según GH de Clarice Lispector (2015).

 Tiene el blog:  http://www.salmoscompulsivosdos.blogspot.com


Fotografía de portada: Sebastián Raña (Argentina)