Un mes

 

Solo eres dentro.

Semilla que respira dándole la vuelta al mundo

Mi cabeza es un carrusel y el corazón se me llena de flores

el amor como tréboles brotando

Mi suerte: extranjera, sin trabajo, en un apartamento de madera tan pequeño que parece de juguete. 

Todo es confuso

he sentido náuseas

no he aprendido a ser buena hija todavía...

El amor a veces es torpe

se estrella por las cinco puntas

le encuentra más patas al gato que bigotes

Se da con todo

se lanza contra las piedras de cabeza y con orgullo

El amor a veces se esconde en el baño a llorar, tranca con seguro y hunde el botón despacito para un llanto sin interrupción, luego se mira al espejo y se encuentra bonitos los ojos hinchados y las mejillas coloradas.

El amor no sabe hasta dónde es que ya está bueno, hasta cuando debe callar, el amor solo conoce de hasta nuncas y para siempres.

 

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Dos meses

 

Tengo el primer eco

Es muy pequeño todavía pero con la forma de un bebé

Un bebé que duerme arropadito dentro de una caraota

Escuché sus latidos, su corazón ronroneaba como el aleteo de un colibrí en flor

Camino pensando si será niña o varón

Si tendrá mis ojos

Si tendrá sus manos

 Apenas es el inicio. Nunca más la soledad vendrá con su olor a fantasma. Nunca más el desamor pelará sus dientes a mis espaldas. Nunca más la culpa con su ropa desnuda.

 Ahora soy dos más uno.

 

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Tres meses


Tengo un poco abultado el vientre

mis senos se hinchan, como duraznos, como melones.

Dicen que me he puesto bonita. Como si volviera triunfante después de una guerra, como si hubiese estado manchada y ahora estoy blanca.

Creo que es un niño. Camino por la arena mojada al atardecer y le cuento del sol. Imagino sus pequeños pies en la orilla y sus dedos son peces moviéndose en mi esperanza.

Llega el verano y me quemo por dentro, pero contigo.

 

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Cuatro meses

 

Ya no vomito. Ni lloro en el baño. Ni como alfajores a escondidas. Ya el miedo no me quita el sueño. El sueño nos lleva por las tardes sonriéndonos. Te canto y te hablo. Me confieso contigo. Te prometo ser otra. Seré la madre que los otros niños solo podrán soñar. Seré tu circo, tu montaña, tu nido y tu mar.

 

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Cinco meses

 

Me ama, nada importa. Hace poco  se quemaban vivos canguros en Australia, las madres corrían con sus pequeños. Y me sentí tan cangura, tan koala, que quiero llevarte adentro de mi para siempre. Mañana sabré tu sexo con certeza, la ansiedad no me deja dormir, me acaricio la panza con las dos manos y hago música en el tambor de tu casa. 

 

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La casa es mi cuerpo

 

La  casa se respeta

 

la casa se limpia y se ensucia

 

y se vuelve a limpiar hasta el hastío

 

hasta la felicidad

 

la  casa se pinta y se barre

 

se despinta y vuelve el polvo de la araña

 

y la hormiga dulcera y el grillo que ya ni canta

 

se esparcen las migajas que dejamos

 

y aquel olor a merienda se vuelve recuerdo

 

a veces lágrima de pan dulce

 

la casa se pinta de blanco para que se vea más grande

 

mi madre también es una casa

 

ella es muy blanca y muy pura.

 

 

La casa soy yo ahora

 

espero a la vida

 

como quien renace

 

la casa en mi vientre sostenida

 

hago el nido

 

soy un nido

 

una pecera

 

un barco que camina

 

una cangura

 

un par de senos que se hinchan y oscurecen

 

llevo dos corazones encima

 

la ilusión se me desborda por el ombligo

 

ya no me veo la vulva ni las piernas

 

ya no me pinto los labios de rojo

 

ya no me excito demasiado

 

ya no me importan las tetas caídas

 

los kilos de sobra

 

ni las marcas que son de guerra

 

el amor está en mí, pateándome

 

amándome

 

acaricio la casa con mis manos

 

y el niño responde tras la puerta

 

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 Valentín

 

Celestes se nos fueron los ojos a la anchura de un niño

la casa en la espera, se consoló con blancura

el cielo de colores le daba la bienvenida

la vida, amarilla tornasolada, giraba a su alrededor.

 

Valentín, le pusimos de nombre

sin verle la cara todavía.

 

Era invierno en cuarentena...

el frío entraba por la ranuras de madera

yo le entregué mis brazos largos

mis pechos llenos

el árbol sin pelaje me miraba.

yo congelada

 

lejos de casa y de mamá

un miedo primerizo me impulsaba

y lo hacía todo “perfecto”

La maternidad es un acto solitario

es la más hermosa de las soledades

Ya es primavera, tiene cuatro meses

rojas están las flores del jardín

violetas ardiendo a lo largo de un río

las risas del padre y del hijo son todas mías

la felicidad parece un sueño que se cumple.

 

Todo el sol no cabe en su risa

nos olvidamos del mundo,

del país, del exilio, del virus.

 

Nos convertimos

en la primavera de un parque

en el árbol de un pájaro

en el nido de un niño.

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Julieta Arella



Caracas (Venezuela) el 27 de marzo de 1990. Es licenciada en Letras, mención Historia del Arte por la Universidad de Los Andes. Cursó estudios de Periodismo General y actualmente realiza una Maestría en Literatura Latinoamericana en La Universidad de La República en Montevideo (Uruguay). Ha sido publicada en diversas páginas y revistas digitales y participado en numerosos recitales, festivales y mundiales de poesía. Forma parte de las antologías: IX Festival Mundial de Poesía (Ediciones Fundecem, 2012), Amanecimos sobre la palabra (Team Poetero, 2016), Revista Alba Londres, dedicada al Caribe Hispano (2018). El Puente es la Palabra (Caritas de Venezuela, 2019). Me Gobierno (LP5 editora, 2020). Muro de voces 4 (Montevideo, 2020). Pedir un deseo, prenderle fuego (ediciones Continente, Argentina 2020), entre otras. Es autora del poemario Galateica (2018) editado por la Fundación Poeteca de Caracas, Colección Primera Intemperie.


Fotografía de portada: Sebastián Raña (Argentina)