Es la hora de salir a caminar

hoy es más agradable porque las nubes arroparon al sol todo el día
entonces van todas estas mujeres con sus lycras y leggins

al ritmo de una semana radical en Maracay.
Yo escucho a Yordano (para no perder la costumbre)

y bebo una porlacita traída por un viejo amigo que sabe de mí

y de toda estas agujas clavadas a mi vientre.
También escribo estas líneas
que no son el poema, lo sé,
pero al menos sirven para pasar la tarde y no salir a caminar esta vez
el médico me dijo, Astrid reposa, reposa
entonces quiero seguir instrucciones
porque la verdad es que sí estoy cansada
y a veces es bueno acurrucarse
ver pasar a las gentes quienes miran sus relojes y apresuran su paso.

Unos ríen otros callan y cuentan su lugar en la cola. La gasolina llegará pronto.
Comienza la lluvia de este día tan largo, y el asfalto cesa de su quebranto.

 

No hay nada más, solo este dolor fino que traspasa mi útero

y mi soledad.


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Yo ya no puedo hablar de Maracay
sin decir amor.
Maracay suelta en el tránsito
Y flota en blancas nubes.
La lluvia cuando toca el asfalto la consuela.
Los perros cuando ladran a lo lejos la besan.
El gorjeo de los pájaros descansa en su pecho cada madrugada.
Se habla poco de Maracay a menos que te nombren en geografía

o desde tu suelo alguien te diga adiós después de tanto camino y perdón.
Pero yo me voy por tus calles y me poso en ti como cordero para poder nombrarte, nombrarme sin que me ganen las palabras.
Yo ya no puedo hablar de amor sin decir Maracay porque esta ciudad es agüita tibia.

Alcanfor y fe.


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Dame un chance para que me termine esta cerveza
porque no sé cómo coño dejo ir tu olor de mi piel
tampoco cómo dejo de mirarte, cariño mío.
Afuera el cielo prepara una tormenta
Maracay desde la avenida Bermúdez es gris y enguayabada
¡Ay Astrid! Qué Maracay y qué avenida
no me des tregua
te vinieron a joder, otra vez,
ahora tienes que recoger el reguero de la lluvia
echa el corazón en el pipote
ese mochuelo tiene su nido
pendejita de un mes, muñequita de Jerez.
Recuerdo que hace un año
y hasta ayer mismo rezabas
pidiendo que nadie más entrara a romperte los ovarios,

a burlarse porque se está mejor sin ti
sin el peso de este oficio
la escribidera
la entrega
el todo o la nada
cuánto tiempo pierdes
poeta
no hay Dios que escuche
tira del gatillo
1
2
3.

  

Astrid Salazar 



Maracay, Venezuela. Poeta, editora y docente venezolana. Profesora de castellano y literatura y magíster en orientación sexológica. Terapeuta de parejas. Cursó estudios de artes y actuación, mención dramaturgia. Es correctora profesional de estilo. Fundadora y directora encargada de la editorial Dirtsa Cartonera en su ciudad natal. Autora de los libros Azules de mi infancia (La Liebre Libre, 2004), El octavo pecado (Editorial El perro y la rana, 2007), Urbano (Fondo Editorial Sacumg, 2008), Plaquette Astrid-Gloria (Editorial La espada rota, 2008), y Paraíso de los insomnes (Ediciones Dirtsa Cartonera, 2014). Obtuvo en 2001 el Primer Premio del Concurso de Poesía Interliceísta “Rafael Bolívar Coronado”, y del Primer Premio en el XI Concurso Literario “Nélida Cisneros”. Obtuvo Mención de Honor en el Concurso de Literatura “Augusto Padrón”, 2006. En 2008 participó en el XV Encuentro de Mujeres Poetas de Cereté, Colombia. En 2012, por su trayectoria poética y de promoción cultural, recibe el reconocimiento “Nuevo Valor en el Arte”, otorgado por el Centro Cultural HiguarayaCapanaparo, Maracay. Desde 2013, de manera ininterrumpida, coordina y organiza la Feria del Libro Usado (FLUM), en Maracay, evento para la promoción del Libro y la Lectura, y las Artes en fusión. Ha participado en diversos talleres literarios y ha presentado ponencias, tanto en el ámbito literario como científico, nacional e internacionalmente. 


Fotografía de portada: Juancho Domínguez