Flashback 2

Contemplación

 

Siempre estabas mirando por la ventana

el edificio naranja que en las mañanas se desarma

en distintos tonos naranjas cuando el sol golpea.

Siempre, de afuera se acercaba remando un ruido

que burlaba las espirales del incienso

(a veces jazmín, a veces mirra, a veces rosa)

que invadía tu cuerpo de nave

que se parqueaba siguiendo otros itinerarios

con otras familias

en una quinta luna

celeste luna (en otros dialectos: CHANDRA)

mientras con mis pies chuecos

intentaba colarme en tu viaje.

Siempre estabas mirando por esa ventana,

precisamente aquella ventana

con toda la cabeza envuelta en chales

para amarrarte de alas al nido.

“Es para no dejar que se salga el cosmos”, me decías

encaramada en la persecución de una excusa para matarte(me)

para pensar, indagar, creer y aferrarte

a un mantra que está detrás del vapor de una nube

en el altar de Dios con cabeza de elefante

lejos, donde las estrellas se vuelven azules

se enfrían

titilan y mueren.

Cualquiera que nos hubiera visto

desde afuera habría creído que éramos felices

Anochece y sigues pegada a la misma ventana

y a veces está cerrada

y a veces su reflejo te aclara y me deja verte más adentro

y te miro por encima

y te ves más distante que otro planeta

y te miras en el espejo

y la cara te cambia

como si te hubieran apretado lo que te quedaba de alma

en otro pedacito de espacio en el que te deformas

y se te caen las manos

y la boca

en la contemplación de tu ser de agua

que busca fundirse con dioses vestidos de seda

(a veces índigo, a veces celestes, a veces azules)

de múltiples manos

y uñas pintadas

(a veces rosas, a veces rojas, a veces dedos en llamas)

que entonan flautas y danzan al ritmo de tambores

y entonces mi corazón se apaga

porque no contemplas tu sangre

derramada en el piso,

y mis manos te buscan y solo siento

el sonido primordial que eres y somos:

la nada y el blanco.

He querido saltar por esa ventana

todas tus ausencias

todas las veces.


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Flashback 3

(Las voces)

 

Vacío está. Vacío me respira en la nuca mamá, vacío me habla. Dime que eres tú, que hablo contigo y eres tú quien mece la puerta, dime que eres tú quien enciende las velas alrededor de mi cama. Que me llevas hacia el final de las olas, donde termina la siembra y las estatuas aún miran al sol. Que las voces son solo lluvia, que las sombras es solo el amor de la noche rehaciendo la noche. Que eres tú, mamá, con un plan para recuperar nuestros corazones, y que esto que escucho no es un niño llorando en un charco de orine, un niño y su imperio de fantasmas poblando mi cama y mi hambre, que el miedo no son las fauces brillando, barullos como tempestades, ni una mandrágora trepándome, esperándome sobre las sábanas.

Vacío está, me respira en la nuca, mamá, vacío arde porque aquí siempre seremos tres, aquí siempre habrá alguien inconforme. Vacío está como un sicario dentro de un cuarto sin luz, vacío respira. Vacío está, vacío me respira en la nuca mamá y todos sus lobos vienen a detenerme.

 

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Flashback 6

Hospitales 1 


Todos los que están por morir saben tu nombre. Caminar dentro de un hospital debe ser lo más parecido a caminar al cielo. Niña de zapatos azules, no avances que no te gustará lo que hay dentro, no escuches esas voces que te llaman, que te ofrecen dulces, no jugarán contigo.

Todos los que están por morir saben tu nombre. Niña de zapatos azules, no brinques, no grites, no llames la atención que todos aquí quieren de ti un pedazo de vida, un riñón, un diente sano. No respires que la muerte se prenderá en tu nariz para convertirte en polvo y eso que llamas sombra, que es tu yo malo o tu yo noche, se meterá en tus huesos y te hará llorar.

Todos los que están por morir saben tu nombre. Poseen la cualidad de la piedra. De ahí mismo tu palidez, tu semejanza a la muerte, tu amparo a lo que se dice en voz baja, a jugar en la mitad más amarga del silencio. Quizás más tarde puedas ir a ver cómo sobre el agua van cayendo los cuerpos y, entonces, sabrás que desde ya estás moldeando un muerto.

 

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Viaje al centro

Debajo de, arriba sin, por encima con, girando hacia, desde el centro hasta, el vacío se arremolina hasta parar la noche. Escondidos contra, esnifando siempre, se piensa que en la roca pueden deshacerse las carnes, disparos de color al alba que se escapa de tus ojos de serpiente, magia blanca, diosa blanca, caras grises, ventanas que disfrazan las fachadas de jornadas sin tiempo y sin permiso.

Caminemos, no nos miremos los tajos, podrido en, dañado por, culpable de, tengo un remache en la frente en forma de cruz que es una vértebra y luego mi columna torcida y agachada. Dejar correr las piernas, descansar el fuste. Hay un lugar que no tiene sur, ni tampoco norte pero se alarga como la espera del enfermo que dibuja líneas, que decapita flores, que bravea con el reflejo de la vitrina pero es dueño de todos los portales.

Pare aquí, reencarné lejos, cuerpos de alambre como disfuncionales edificios por los que me pierdo. Entre aquí, suba para… cuerpos de agua como el río chantado de un viejo baño de azulejos y moho, busque la calle, salga a las esquinas que nos enseñaron a amar y armar la noche cuando de la ropa se desprenden los colores y todos somos pardos y todos escondemos lo mismo.

Retornando al centro, desvistiendo al centro y su decencia.

 

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Flashback 8

Hospitales 2 | Habitación 6

 

Tengo el corazón tan débil como el caballo mecánico blanco que también es mi noche y sus decibeles. La garganta transparente de tanto gritar para que no me olviden, porque aquí estoy, aunque mi peso diga lo contrario, porque supe hacer frente al fuego y lavé mis rodillas con cuidado luego de forrar con cemento nuestro patio, y apreté sus manitas cuando la luna cayó y no hubo diciembre ni regalos. Aquí estoy, y no puedo morir, no sé cómo y no se puede estar tan muerta si se siente sed, si te extiendes como el mar y las ganas de saltar cuando el abismo les agua la memoria, a ustedes, mis niños, mis escuálidos niños, que no recuerdan que aquí estoy, aquí sigo donde me dejaron atada a la lentitud del dolor, como un iceberg que avanza al fondo, al olvido y su imaginario fin.

Los quiere,

      mamá

 

 

Beds and Breakfast

 

LUGAR: CENTRO DE GUAYAQUIL

TIEMPO DE ESTADÍA: 25 AÑOS

 

Nací en un edificio que es un coro salvaje de ratones.

Si el tercer piso de una construcción se vuelve una cuna

cuando el camión de la basura cruza;

si al abrir una puerta,

tenemos que abrirnos paso como un desierto, porque el agua entra,

habrá motivos suficientes para querer huir.

 

El ascensor está clausurado.

Mi cabeza es un cohete y no entiende

el proceso de bajar una escalera.

Mi cabeza es el ruido del motor de un carro

que por la noche me vuelve incapaz

de oprimir un botón que funcione.

 

Nací en un edificio que con los años me ha vuelto alérgica al polen,

me ha alejado de los parques,

me ha dejado al cuidado de aves de cemento.

Un edificio, como una historia sensible al tacto.

 

Entonces, en ese recuerdo, vuelve a mí esa niña:

un armadillo atado a la tecla rota de un piano.

Mi hermana mojada, escondida en la cisterna,

mi madre que viste de mostaza una gallina

que para la cena habrá muerto en los ojos de un galgo.

 

Regresa a mí, la bailarina de cristal,

la que una vez rompí, la que no puede correr

la que deja un punto en blanco sobre una mesa

que es el mar de polvo que hace,

de un vaso, una isla,

en la que sigo fijada por miles de alfileres.


 

 

LUGAR: CALLE RUMICHACA, GUAYAQUIL

TIEMPO DE ESTADÍA: 5 MESES

 

El centro de esta casa somos nosotros

haciendo acrobacias encima de la mesa,

como los pájaros que saltan de un cable a otro

provocando distintas lluvias en esas tardes en las que el sol no sale.

 

¿Cuánto me va a costar la estadía?, me dije.

Cinco mordidas de mastín napolitano, dijo la perra.

 

Entonces:

hombro,

cadera,

dos veces el brazo izquierdo,

cabeza. (Al pie de la cama)

 

Nunca tanto de mi piel había caído para hacer de una baldosa un mapa.

Vivo con un hombre que intenta arreglarlo todo con plastilina.

Trabaja con yeso, construye una mano para leernos el futuro.

Trabaja mis heridas con arcilla,

me dice que no salga,

que llueve,

que podría quedar disuelta y presagiar la ruina de la casa.

Nunca tanto de mi piel se había secado tanto como para que otros me miren y digan “ahí ha estado el desierto”.

Cada tres días llegaban los amigos con los pulmones repletos de canciones.

Y de las bocas salían caramelos,

y de los pies, más pies para seguir bailando.

Yo, como los pájaros, tomaba las plumas y los pelos

que caían en la mitad de la sala para envolvermecomo un nido

y ser, más bien, pálida,

traslúcida,

para que la perra pudiera fijarse en otropara calmar el hambre.

Un día la perra amaneció muerta.

Alguien por descuido dejó chocolate sobre la mesa cuandose cansó de bailar.

 

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LUGAR: LOS ÁLAMOS. GUAYAQUIL

TIEMPO DE ESTADÍA: 3 SEMANAS

 

En una casa ajena, una pared blanca

es un cuchillo.

Cada interruptor es un niño con un arco,

dispuesto a disparar cuando una luz se encienda.

Un casa ajena es mejor a oscuras.

No tener idea de lo que esconden los cajones,

no verse, ni ver a otros en los espejos

puede ser asunto de vida o seguro de muerte.

Mejor el lugar si no ha barrido nadie.

Mejor la rendija si hay comida creciendo en la comida.

Lejos de las ventanas, pero cerca de la salida.

Ser extraña es encerrar dentro de uno la violencia.

Sin migajas. Sin bilis. Sin astillas.

En una casa ajena hay que llevarse bien con los gatos,

Ellos, como nadie, saben todo sobre permanecerescondidos.

 

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LUGAR: LA FLORESTA, QUITO

TIEMPO DE ESTADÍA: 3 SEMANAS

 

Hablar es a veces una enfermedad.

 

Si una casa está en medio de la niebla,

¿cuál es el límite para no sentirse ahogado?

 

Todos estos simulacros de muñeco tarareandoun poema encima de una cuerda floja.

Todos estos ademanes de parecer un sofáen una sala en la que llueven dientes.

Todas estas palabras sobre tu calle fría

como tenedores violentando mi boca que migra

para congelarse antes de llegar a tu puertay volverse un sueño de porcelana

en el que eres una copa

y te rompes.

 

Recogerse, envolverse uno mismo comoun recién nacido.

Nacer de nuevo, en una ciudad nueva.

Queda chica la Floresta si dentro de un cubode hielo de colores

se disuelven nuestras últimas conversaciones.

Hablar entre nosotros, entonces, es una enfermedad.

— ¿Podemos tener un perro?

— Sí, pero solo si duerme afuera y nunca hace ruido.

Entonces para ensayar pusiste una cadena en mi cuello

y me sacaste a orinar.

 

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LUGAR: CIUDADELA DEL MAESTRO,

GUAYAQUIL

TIEMPO DE ESTADÍA: 5 AÑOS

 

Te veo cruzar la calle y la suela de tus zapatoste vuelve cada vez más pequeño.

Sin embargo alcanzas los nidos,

y matas ranas clavándolas a un palo mientrasel agua hierve sola en la cocina.

Sin embargo, coleccioné los retretes descartadospara hacernos una sala

en la que nunca se espere que llueva.

Entonces nos saqué una foto.

No recuerdo haber cruzado la calle que hoy llevatu nombre,

pero tengo en la cabeza una piedra,

una puerta, una niña gritándole a un bus que pare.

Tengo una acera mojada

y un paso cebra sin espacios en blanco:

se ha disuelto lo que escribo porque a vecesno he podido con la lluvia.

No puedo recordar por qué el jardín se inundó,

no puedo canjear las botellas en la tienda ni paseara los perros

porque siempre estoy dormida en nuestra foto.

Una vez envolví los cuerpos muertos de los platosque asustaste con una toalla.

Caminé a la ciudad y, en el tramo, reconstruí una taza.

 

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LUGAR: URDENOR. GUAYAQUIL

TIEMPO DE ESTADÍA: 2 MESES

 

Soy la foto encerrada en una jaula que nunca deja

de moverse.

En ella río mientras sostengo un vaso

y afuera se quema un monigote con nuestro último año.

Eso fue en diciembre, tenías la jaula decorada

con luces tan fuertes

que se comían los ojos de nuestros perros,

mientras yo me veía, de rojo, de azul, de verde

y tú eras un torso de neón que bailaba una balada tecno.

Mientras las luces duran: hablamos.

Se nos ve gesticular por una ventana diminuta

en la que se nota la inutilidad del momento.

Teníamos una ventana, un balcón y un hueco

en la puerta.

Eso teníamos y yo quería tanto dejarte un vaso

de agua quieta cerca de la cama.

Yo quería tanto regalarte el vaso,

atravesar la foto, la jaula y bailar contigo.

Pero las historias sobre

(ríos encerrados en cisternas)

nunca llegan a ninguna parte y

el agua nunca se pierde:

corre dentro de un ataúd de cristal que lleva mi foto

que se borra hasta dormirse,

hasta amanecer, como una leve inundación, en otra casa.


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Gabriela Vargas Aguirre 




(Guayaquil, 1984). Poeta y diseñadora gráfica. Por su primer poemario —La ruta de la ceniza (Editorial La caída, 2017)— fue beneficiaria de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio en la convocatoria 2016–2017. Resultó ganadora del II PremioInternacional de Poesía Vicente Huidobro, en el 2020, con su segundo libro Lugares que no existen en las guías turísticas, publicado en Valparaíso Ediciones (Granada, 2021). Consta en varias antologías de poesía ecuatoriana y latinoamericana como Bandada. Novísima poesía ecuatoriana (2014), Liberoamericanas. 140 poetas contemporáneas (2018) o País Imaginario. Escrituras y transtextos. Poesía. (2018). Ha sido invitada a varios festivales nacionales e  internacionales  como el Festival de poesía de Bogotá  y el Festival de poesía de Lima.


Fotografía de portada: Esteban Granado