Métodos inusuales para ver películas


    A mediados del 2020, encerrado 24/7 por la cuarentena, me dio la suicida. No sentía tristeza; no sentía absolutamente nada, y era desesperante. Pensé en el diálogo y esa paja ¿pero con quién? Desde que me mudé al centro no hablaba con los pures. Hace tiempo que teníamos una atmósfera y tenía cero ganas de aclararla. Tampoco tenía muchos amigos, y me daba ladilla el peo de la intimidad. Todo el mundo tiene suficientes problemas al lomo como para echarse los míos ¿no?

    Una noche me dio culillo y tiré todos los cuchillos por la ventana. No sé qué por qué pero estuve a nada, de serio. Hasta me costó separarme de la ventana. Vi hacia abajo un rato largo. Ocho pisos de caída, era un preciso: ni me daría chance de sentir dolor. Sellé la ventana con pega loca también, sape e güebo.

    Tenía que si un disco de un tera full de películas y dos libras, así que se me iba el tiempo fumando hierba y viendo pelis. Western, superhéroes, noir, cine trash, nuevo extremismo francés, pornografía artística o de la otra. Al principio era boleta. Hasta el metraje más cutre encerraba hondos pozos de belleza y sentido, pero a los dos meses todo me ladillaba. Del high, dependiente de una bajísima tolerancia al THC, pasé al slow violento en el que no distingues una de Kubrick a una de Bay o Kurosawa o Cantinflas: todo eran formas difusas, masa digital simulando dramas insignificantes. Me entumecí. No veía sino una simulación de la vista. No oía sino una simulación del sonido. No sentía sino una simulación del tacto. Ahí volvieron las ideas, y que tirara los objetos cortopunzantes no sirvió de un carajo. Te sorprendería lo poco que necesitas para matarte. Un gancho, un pantalón viejo, un enchufe. Con eso basta.

    Necesitaba renovar el proceso. En internet hay comunidades pa cualquier mierda. Gente que precisa cada fotograma, de cada escena, de cada capítulo, de cada temporada de Bob Esponja. Foros de gente con fetiche de codos donde los clasifican del 1 al 10 basados en el color, la callosidad, la pronunciación y demás. Hay hasta hilos de reddit donde se teoriza sobre si el Can está muerto de pana o si se retiró al anonimato. Figuré que en algún lado habría un site con métodos inusuales para ver películas.

    Efectivamente. Cliqueé un resultado al azar. Plastilina fílmica era el nombre del blog, y el catalogo daba miedo. Esta gente llevaba publicando desde el 2015, acumulando más de cien entradas. Algunas eran super básicas, como ver El mago de Oz con Dark Side of the Moon de fondo o links al metraje de El resplandor reproduciéndose de inicio a fin y de fin a inicio, simultáneamente y superpuesto. Otras no tanto: ligar Apocalypse Now con The Court of the Crimson King en loop, dividir Stalkeren varios segmentos y verlos fuera de orden, abrir cuatro pestañas con films de Murnau y goth-rock de tu preferencia. Las mejores dejaban links con edits experiementales. Recuerdo tres en particular: la filmografía de Tarantino con diálogos de Goddard (Michel es Vincent y Mia es Patricia; dégueulasse, Mia, dégueulasse), la peli esta de Gus Van Sant, insoportable, sobre Kurt Cobain musicalizada por puros miembros del club 27 y el "Harmony Korine Supermix" que mezclaba escenas de todas sus películas, creando en el proceso algo así como un opus magnum millenial.

    Si bien no todos arrojaban hallazgos interesantes, la pura cantidad de dedicación ganó mi respeto. Sobre todo porque cada entrada la firmaba el mismo nickname: imnotreal69. Cuando agoté la mayoría de entradas me fui a la más reciente, fechada el 2 de diciembre del 2018.

A quien sea que lea estas vainas: no postearé más por un tiempo debido a problemas personales. Paz <3.

    Por pura curiosidad gogleé el nick, sin esperar muchos resultados. Junto al blog apareció un Bandcamp con un EP. Quién le viera; imnotreal69 era beat maker aparte de cinéfilo. Los temas no estaban chimbos: una mezcla súper chill de R&B y Jazz. Me gustaba mucho el último, posteado el 22 de julio del 2018: Chilling at the 9th floor. Los sintetizadores me relajaban. De vez en cuando la ponía antes de dormir.

    Dejó enlaces a un Facebook en Bandcamp. No lo abrí a la primera, pero eventualmente la caligüeba me pudo y seguí tirando del hilo. El perfil ponía "imnotreal69 – escritor, compositor, amante". Me disparó el cringe y lo cerré. A la semana volví. Posteaba muchos memes, enlaces al blog de cine, enlaces al Bandcamp y cositas aquí y allá. En información de contacto dejaba otro perfil y un número de contacto. Cliqueé en el perfil.

    Franklin Castillo. Descripción: sadshit. El último post era una etiqueta de su madre, Miranda Castillo, fechada del 29 de febrero del 2019: "te extrañaremos mucho hijo querido y ojala nos veamos otra vez en el cielo". Apagué la computadora. Esa noche no dormí.

    No paré de pensar en Franklin por dos semanas. Nada más por cerrar el asunto volví al perfil. Habían varios post fúnebres: sus amigos subieron fotos, celebraban su vida, lamentaban su partida. Habían decenas de estas vainas, al parecer era un tipo popular. Bajé y bajé hasta su último post perso-perso:


alguien ayúdeme por favor

    Revisé la galería. Él en centros comerciales, fiestas, parques, siempre rodeado de gente, siempre sonriente. Se veía completamente normal, un chamo equis. En Detalles tenía tres links: uno al Bandcamp, otro al blog y uno que no me sonaba. Esta vez me dio frío, no obstante lo abrí. Era su blog personal, con esta presentación:


¡Hola! Me llamo Franklin y este es un blog donde hablaré de mi día a día. Me gusta mucho el cine y a veces hago música y eso.


        La última entrada fechaba del 25 de febrero del 2019. Se titulaba "No sé qué hacer".


He estado deprimido mucho tiempo, demasiado. Llevo años yendo a terapia. Me recomendaron expresarme. Lo hice y no sirvió. Me recomendaron medicarme. Lo hice y no sirvió. Me recomendaron ser proactivo, apoyarme de mi familia, mis amigos. Lo hice y no sirvió. Estoy muy cansado. Me siento tan solo y ya no sé qué hacer...


    El post seguía pero no pude. Simplemente no pude.

    Sé que era una idea estúpida y falta de tacto pero por alguna razón sentí el impulso de escribirle a su mamá. No contestó al privado. Busqué un número en la información de contacto; había un local. Llamé, cada repique era una pálida.


-          Aló.

-          Buenas noches.

-          Buenas noches ¿qué desea?

    Todas mis neuronas se unieron en la búsqueda de alguna excusa. A nadie le gusta quedar como un acosador.


-          Era amigo de Francisco. Mi sentido pésame.

-          Muchas gracias, mijito. ¿Estudiabas con él en la central?

-          No, leía sus escritos y así.

    Seguimos hablando un rato, pero no registré casi nada de la conversación. Me picaban las manos, la garganta seca. Del otro lado escuché cómo se le salían las lágrimas. Colgué de coñazo, me recliné en la silla y algo volvió, arrastrándose desde lo más profundo de mi ser. Lloré casi toda la noche. Fue un llanto de esos que lo dejan a uno necesitando solución salina, de esos que se ven solamente en las películas.

    A veces uno es una vaina tan, tan pero tan pequeña.


José Argenis Mestre Infante



Curso el octavo semestre en Educación, Mención Lengua y Literatura. Escribo una columna en la revista Mentekupa, titulada "Caja de Resortes". Más shitposter que escritor, hay algo que se me da fatal: las reseñas.

Fotografía de portada: Esteban Granado